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    Engels sobre Thomas Munzer, un pasaje de gran interés.

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    Rojillo Ibérico

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    Engels sobre Thomas Munzer, un pasaje de gran interés.

    Post  Rojillo Ibérico on Fri Jan 27, 2012 7:16 am

    Escribiendo en 1850 Engels trataba del destino de Thomas Munzer, coma el del líder de un partido comunista llegado al poder antes de que las condicionas estuvieren maduras para el establecimiento de una sociedad comunista. Vale la pena acatar este pasaje extensivamente:

    "lo peor que le puede ocurrir a un líder de un partido radical es ser forzado a tomar el gobierno en un tiempo en el que la sociedad todavía no está madura par la dominación de clase que él representa y para las medidas que aquella dominación implica. Lo que realmente puede hacer no depende de su voluntad, sino del grado de tensión alcanzada por el antagonismo de las diferentes clases y del desarrollo de las condiciones de vida materiales, de les condiciones de producción y comercio en la clase sobre la cual siempre existen contradicciones. Lo que él debe hacer, lo que el partido le pide, de nuevo, no depende de él o del grado de desarrollo de la lucha de clase y sus condiciones. El está atado a les doctrinas y reivindicaciones hasta aquí planteadas que, de nuevo, no proceden de las relaciones de clase del momento, o del nivel de la producción y el comercio más o menos accidental. Sino que proceden de la comprensión más o menos penetrante del resultado general del movimiento social y político. De este modo, el se encuentra necesariamente en un dilema insoluble. Se encuentra pues en un dilema insoluble: lo que realmente puede hacer está en contradicción con toda su actuación anterior, con sus principios y con los intereses inmediatos de su partido; y lo que debe hacer no es realizable. El interés del propio movimiento lo obliga a servir a una clase que no es la suya y a entretener a ésta con palabras, con promesas y con la afirmación de que los intereses de aquella clase ajena son los de la suya propia. Quienes ocupan esta posición ambigua están irremediablemente perdidos". (La Guerra campesina en Alemania)

    "Profético", si me permitís la expresión.

    JM Delgado

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    Re: Engels sobre Thomas Munzer, un pasaje de gran interés.

    Post  JM Delgado on Fri Jan 27, 2012 11:14 am

    Hola Rojillo:

    ¿Puedes explicarte mas? sobre la actualidad de la reflexión engelsiana sobre Münzer. Gracias: JM.

    Rojillo Ibérico

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    Re: Engels sobre Thomas Munzer, un pasaje de gran interés.

    Post  Rojillo Ibérico on Mon Jan 30, 2012 2:21 am

    Si, ya lo esbocé en Kaos. Se podría posiblemente aplicar a la "Revolución Rusa", concretamente a la de Octubre. Por mucho que trabajaran sobre la hipótesis de una "revolución mundial"; en la práctica no hubo tal "revolución mundial" y pretender achacar la fallida de esta a la "traición" (real o supuesta) de tal o cual sector de la socialdemocracia es engañarse: por desgracia la influencia de la socialdemocracia era manifiesta todavía en un sector muy importante de la clase obrera. Rosa Luxemburgo era consciente de esa problemática en el caso de Alemania y de la necesidad de ganarse a la clase obrera que todavía tenía falsas ilusiones en Ebert o la nueva República de Weimar. Pero la influencia infantil de ciertos sectores del espartaquismo llevaba a plantearse el atajo del insurreccionalismo, tanto en el 19 como en el 23. La cuestión es que fallida la hipótesis la posibilidad de que la Revolución Rusa llevase hacia el socialismo, como mucho podía resultar una revolución burguesa.

    Lo más honesto, para los bolcheviques, hubiera sido, enfrente a Kronstadt y la hola de huelgas en el 21 pactar con SRs y mencheviques y realizar unas elecciones libre a los soviets, lo cual les hubiese llevado posiblemente a tener que dejar el poder o compartirlo. Pero por lo menos hubiese sido una revolución burguesa democrática que hubiese dejado un margen para una futura auténtica socialista, sin el lastre que el estalinismo supuso sobre todo el movimiento obrero.Lo que pasa, es que realmente es ingenuo pensar en que los bolcheviques pudiesen haber tenido esta dosis de honestidad.

    Saludos Socialistas

    JM Delgado

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    Re: Engels sobre Thomas Munzer, un pasaje de gran interés.

    Post  JM Delgado on Fri Feb 03, 2012 12:46 pm

    Yo no tengo razones para imaginar una actitud deshonesta en los bolcheviques en general, aunque me parece que te refieres a la sinceridad de una posible entente con los otros partidos revolucionarios: eseristas de izquierdas, mencheviques y anarquistas, aquí desde luego el hipersectarismo de quienes están imbuidos de ser la vanguardia del proletariado es casi seguro que haría un gobierno de coalición o una colaboración estrecha bastante dificil, por no decir imposible.

    Creo que cometemos un error si equiparamos "revolución burguesa democrática" , en genérico, al tipo de régimen que, en efecto, surgió de Octubre: Lenin ni se engaña ni engaña a nadie, lo suyo (a lo que para nada llamó "Socialismo") fué un régimen de tipo jacobino, o sea republicanismo radical en su época aún bajo el halo de prestigio de la Gran Revolución francesa, jacobinismo que estaba muy presente tambien en la obra de Marx, y que para nada resulta lo bastante despreciable como para empaquetarlo bajo el esquema "democracia burguesa".

    Por lo demás, yo no creo que el estalinismo fuera hijo legítimo del bolchevismo, ni siquiera del leninismo, antes bien creo que el golpe de timón de Stalin al regimen de octubre fué de tal entidad como para llegar a forzarlo a las antípodas de su legitimación de origen: se trataba de conseguir convertir una teorías socialistas internacionalistas, extra o transnacionalista, en una ideolgía nacional-estatal, nacionalismo de hecho pero negandose a si mismo en cuanto tal, al tiempo que en la práctica se comportaba como un nacionalismo de consumo interno, ¡pero tambien externo a través de la IC y los partidos comunistas de todo el mundo!

    Quizás la Historia de Rusia pudiera decirnos mas sobre la naturaleza del estalinismo que la historia del comunismo internacional o la del bolchevismo y la Revolución de octubre.

    JM Delgado

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    El texto de W. Leonard: objetividad versus ideologia

    Post  JM Delgado on Mon Feb 06, 2012 4:47 am

    sábado 16 de febrero de 2008









    Wolfgang Leonhard: La triple escisión del marxismo






    Publicamos a
    continuación un fragmento de la obra del historiador (y activista
    político) Wolfgang Leonhard, “La triple escisión del marxismo” (1970).
    Concretamente, los tres últimos apartados de su segundo capítulo. En
    este libro, el autor, partiendo de las propias concepciones de Marx,
    analizó las diversas concepciones “comunistas” que se reclamaron
    herederas del marxismo y que desarrollaron una experiencia práctica en
    los países del llamado “socialismo real” (leninismo, stalinismo,
    comunismo científico soviético -“revisionismo” tras el XX Congreso del
    PCUS-, maoismo) así como las propuestas “reformistas” que se formularon y
    desarrollaron (en mayor o menor medida) en la Yugoslavia de Tito, en
    Polonia, Hungria y Checoslovaquia. Todo ello en una exposición crítica y
    muy bien documentada, y, sobre todo, muy esclarecedora sobre cuestiones
    de enorme importancia para el proletariado en su lucha por la
    emancipación. Pues, mostrando lo que él considera “escisiones” respecto
    de las formulaciones de Marx, puede entenderse el camino, tan alejado
    del socialismo y el comunismo, que adoptaron esas experiencias. Dado que
    son sólo referencias bibliográficas, hemos eliminado las notas.

    LOS NUEVOS COMPONENTES POLITICOS DEL LENINISMO

    No
    hay duda de que Lenin y sus conmilitones estaban firmemente persuadidos
    de que eran marxistas y de que habían llevado al marxismo a triunfar en
    el país, en Rusia. Tampoco cabe dudar de que muchas concepciones
    políticas de Marx y Engels entraron en las obras y escritos de Lenin, en
    el Leninismo. El internacionalismo de Lenin, su lucha contra el
    nacionalismo y el chauvinismo -también y precisa­mente en su propia
    nación-, su repugnancia por las alaban­zas y la glorificación de las
    experiencias rusas (y de su pro­pia persona), su defensa de una
    transformación evolucio­nista, voluntaria y socialista de la
    agricultura, y, sobre todo, su expresa confesión de los diferentes
    caminos hacia el socialismo en los diversos países, todo ello y otras
    cosas más dan testimonio de que Lenin tomó y desarrolló muchos
    principios fundamentales decisivos del marxismo.

    Pero junto a
    esta continuidad no pueden pasarse por alto seis importantes
    modificaciones de las concepciones po­líticas originales de Marx y
    Engels.

    La primera modificación se refiere al partido.
    En Marx la clase obrera, el proletariado, ocupaba el primer plano, en
    cuanto fuerza decisiva que ha de realizar el cambio de la sociedad. En
    Lenin se trasladó el peso principal al partido, una organización de
    revolucionarios profesionales que se apoya en una ideología común, al
    que está sometida la prensa del partido, que en cuanto organización está
    construida sobre el principio del centralismo democrático, y en el que
    está prohibida la difusión de concepciones contrarias a las del partido,
    un partido de élite, unitario y disciplinado que ha de capitanear y
    dirigir al proletariado.

    En segundo lugar, la importancia de la táctica política.
    Mientras que Marx y Engels se ocuparon poco y de paso de este problema,
    en Lenin los problemas de táctica, provenientes de su concepción de
    partido de élite, se hallaban en un claro primer plano. Sus innumerables
    instrucciones tácticas sobre alianzas, compromisos, concesiones, modos
    de lucha y sobre todo métodos de actuación en otras organizacio­nes e
    instituciones, influyeron sin duda en la forma de pensar, incluso tal
    vez en el comportamiento moral de los miembros y funcionarios.

    El tercer ámbito de modificación se refiere a la revolución socialista.
    Mientras que Marx y Engels unieron siem­pre la revolución social a
    presupuestos concretos (alto nivel del desarrollo económico y el que el
    proletariado constitu­yera la mayoría de la población), hablaron siempre
    de una revolución simultánea en los países industriales más
    impor­tantes y subrayaron de forma creciente la posibilidad de una
    transformación pacífica de la sociedad, Lenin cambió total­mente dicha
    concepción. Según él, los presupuestos mencionados por Marx y Engels ya
    no son decisivos; una revolución socialista tendrá lugar más bien en el
    "eslabón más débil" del imperialismo, bajo las condiciones de concretas y
    muy sobresalientes contradicciones políticas ("situación
    revolu­cionaria"). Esta revolución puede triunfar también en un sólo
    país, resultando por regla general de un derrocamiento violento en forma
    de un alzamiento armado. En vez de una revolución social de los obreros
    industriales, iba a ser una revolución socialista dirigida por un
    partido de élite, y exac­tamente sobre este esquema tuvo lugar la
    Revolución de Octubre de 1917 en Rusia.

    El cuarto cambio esencial está en la interpretación de la dictadura del proletariado.
    En lugar de las características, recalcadas por Marx y Engels, del
    poder político de la clase obrera, resaltaba Lenin el empleo de medidas
    dictatoriales contra la derrocada clase explotadora, un poder que se
    apo­yaba inmediatamente en la fuerza, que se hallaba bajo la dirección
    de un partido que, para poder realizar dicha tarea ha de estar unido y
    disciplinado y no puede tolerar fracción alguna ("unidad del partido").
    El poder bolchevique de Ru­sia, tras 1917 en forma de poder soviético,
    fué anunciado por Lenin como realización de la dictadura del
    proletariado, y sólo amortiguado por referencias diversas a que en el
    futu­ro y en otros países la dictadura del proletariado se realiza­ría
    de modo distinto y mejor.

    En la concepción leninista de las medidas de transición al socialismo
    se expresaban también las especiales condi­ciones rusas. En lugar de la
    corta transición prevista por Engels, sostuvo Lenin la idea de un
    período de transición muy largo, en cuyo transcurso se habían de
    producir no sólo una transformación de la sociedad, sino también las
    bases económicas del socialismo ("comunismo es poder soviético más
    electrificación"). Las, en parte muy diferentes, manifes­taciones de
    Lenin sobre las relaciones de propiedad, la direc­ción económica, el
    papel de los sindicatos, los estímulos económicos, medida y límites del
    terror, proporcionaron más tarde a las más diferentes fuerzas dentro del
    comunismo la posibilidad de apelar a Lenin.

    Finalmente, emprendió Lenin importantes cambios en la concepción de la futura sociedad comunista sin clases.
    A partir de una única referencia de Karl Marx, distinguió Le­nin entre
    una primera fase, la del "socialismo", y una fase superior, la del
    "comunismo". En el socialismo, el reparto había de producirse según el
    rendimiento del trabajo ("a cada uno según su rendimiento"),
    conservándose todavía el Estado; tan sólo se extinguirá en la fase
    superior del comu­nismo. Las concepciones de Marx y Engels, tan
    recalcadas, de asociación de productores libres, de la superación de la
    alienación y de la liberación de la personalidad humana, fue­ron
    asimismo totalmente marginadas en las ideas de Lenin respecto a la
    sociedad comunista sin clases.

    Todos estos cambios de Lenin en la
    doctrina política del comunismo reflejan su empeño en acomodar las
    concep­ciones políticas orginales de Marx y Engels a las tareas y fines
    del movimiento marxista ruso. La situación social en la Rusia zarista y
    el hecho de que el proletariado industrial sólo constituía en ella una
    minoría de la población lo llevó a una nueva concepción del partido. La
    falta de presupuestos para una revolución social según la mente de Marx y
    Engels le impulsaron a una interpretación totalmente nueva de la
    revolución socialista. El triunfo de la revolución bolchevique en Rusia
    en Octubre de 1917, para la que no se dieron en absoluto las condiciones
    previas señaladas por Marx y En­gels, halló su expresión en los cambios
    que introdujo Lenin, tanto en la concepción de la dictadura del
    proletariado como en la descripción de la futura sociedad sin clases


    CRITICA MARXISTA AL LENINISMO

    Entre
    los marxistas, incluso en las propias filas bolche­viques, no dejaron
    de suscitar contradicción algunos de los cambios introducidos por Lenin
    en la teoría política del marxismo. Así, Rosa Luxemburgo se alzó ya en
    1904 en contra de la nueva doctrina del partido de Lenin: "el
    ultra­centralismo propugnado por Lenin nos parece sostenido en todo su
    ser no por un espíritu positivamente creador, sino por una mentalidad
    estéril de vigilante nocturno. Su línea de pensamiento se dirige
    fundamentalmente al control del par­tido y no a su fecundación, a su
    estrechamiento y no a su despliegue, a la vejación y no a la educación
    del movimien­to". A diferencia de Lenin, exigía Rosa Luxemburgo la
    crítica sin límites a los órganos superiores del partido como medio
    contra toda osificación, dando la primacía al desarro­llo creador: "los
    fallos que comete un movimiento obrero verdaderamente revolucionario son
    históricamente infini­tamente más fructuosos y valiosos que la
    infalibilidad del mejor Comité Central”. El mismo Trotsky escribió
    pro­féticamente acerca de la doctrina del partido de Lenin: "es­tos
    métodos llevan, como lo veremos un día, a lo siguiente: la organización
    del partido ocupa el lugar del partido, el Comité Central ocupa el lugar
    de la organización del parti­do, y finalmente el "dictador" ocupa el
    lugar del Comité Central".

    Cuando Lenin urgió en 1917 a que se
    pasara en Rusia de la revolución democrático-burguesa a la revolución
    socia­lista -aunque según las concepciones básicas de Marx y En­gels no
    estaban maduros los presupuestos necesarios para ello--, Rykov, uno de
    los jefes bolcheviques advertía: "opino que en las circunstancias
    actuales, con nuestro nivel de vida, no nos toca iniciar la revolución
    social. No tenemos la fuerza, ni las condiciones objetivas para ello".
    Tam­bién el empeño de Lenin para el levantamiento armado en Octubre de
    1917 tropezó con resistencias.

    Dos de los principales jefes
    bolcheviques -Kamenev y Zinoviev- votaron en contra diciendo: "estamos
    profun­damente persuadidos de que un llamamiento a la sublevación armada
    significa en el momento presente no sólo poner en juego la suerte de
    nuestro partido, sino la de la revolución rusa y la de la revolución
    internacional".

    En vez del gobierno bolchevique de partido único,
    pro­pugnado por Lenin tras la revolución de Octubre, muchos
    bolcheviques, entre ellos un fuerte grupo del Comité Cen­tral, pedían la
    formación de un gobierno de coalicción socia­lista de los tres partidos
    socialistas principales, los bolche­viques, los mencheviques y los
    revolucionarios sociales. Incluso de los 15 miembros del primer gobierno
    bolchevique de Noviembre de 1917, o "consejo de Comisarios del
    pue­blo", dimitieron cinco Comisarios -Rykov (Interior), Mil­iutin
    (Agricultura), Nogin (Industria y Comercio), Theodo­rovich
    (Alimentación) y Shliapnikov (Trabajo)-, publicando, conjuntamente con
    una serie de otros bolcheviques, una declaración en la que se decía:
    "mantenemos el punto de vista de que es necesario formar un gobierno
    socialista par­tiendo de todos los partidos representados en el
    Soviet... Declaramos que, de otro modo, sólo hay un camino: el
    mantenimiento de un gobierno puramente bolchevique usando los medios del
    terror político. Esto no podemos aceptarlo, no lo aceptaremos. Vemos
    que esto... llevará a la instauración de un régimen irresponsable y a la
    ruina de la revolución".

    Con especial contradicción tropezó la
    equiparación he­cha por Lenin del poder bolchevique en Rusia con la
    dicta­dura del proletariado anunciada por Marx y Engels, así como los
    métodos del poder bolchevique y la opresión de las demás fuerzas
    socialistas. Con preocupación escribía Kautsky: "las intenciones de los
    bolcheviques eran sin duda las mejores. Se mostraron al comienzo de su
    poder llenos de ideales humanitarios que surgían de la situación de
    clase del proletariado... Su culpa comienza en el momento en que...
    proclamaron la "inmediata y total emancipación de la clase obrera" a
    pesar del atraso de Rusia, y con este fin, por "fracasar" la democracia,
    exigieron su propia dictadura bajo la firma de la dictadura del
    proletariado."

    Incluso la vanguardista del marxismo
    revolucionario, Rosa Luxemburgo, aunque alabó a los bolcheviques por su
    decidida postura revolucionaria, puso en guardia ante el des­precio de
    las libertades democráticas y ante el creciente ele­mento dictatorial
    del bolchevismo: "por el contrario, es un hecho público e innegable que
    sin una prensa libre y sin inhibiciones, es totalmente inconcebible el
    poder de amplias masas populares... La libertad sólo para los
    partidarios del gobierno, sólo para los miembros de un partido -por muy
    numerosos que sean- no es libertad. La libertad es siempre la libertad
    de los que piensan de forma distinta".

    Ya en otoño de 1918 notaba
    críticamente Rosa Lu­xemburgo acerca de la teoría de la dictadura del
    prole­tariado sostenida por Lenin y Trotsky:

    "El tácito
    presupuesto de la teoría de la dictadura en el sentido de Lenin y
    Trotsky es que la revolución socialista es algo para lo que se tiene ya
    en el bolsillo del partido de la revolución una receta hecha, a la que
    no hay más que aplicar con energía. Pero por desgracia -o según lo que
    sea: por fortuna- no es ésto así... El sistema social socialista sólo
    debe y puede ser un producto histórico, nacido de la propia escuela de
    la experiencia, en la hora de su consumación, del devenir de la historia
    viva... Lo negativo, la destrucción pue­de decretarse, la construcción,
    lo positivo, no.... Tan sólo la vida que espumea sin coacción va
    adoptando mil nuevas formas e improvisaciones, esclarece la fuerza
    creadora y co­rrige incluso los fallos... El único camino al nuevo
    nacimien­to es la escuela de la vida pública misma, la más ilimitada y
    amplia democracia, la opinión pública. Precisamente el po­der del terror
    es lo que desmoraliza".

    Partiendo de ello, profetizó que el
    poder bolchevique llevará a la formación de una nueva burocracia: "con
    el aniquilamiento de la vida política en todo el país tiene que ir
    paralizándose también cada vez más la vida en los Soviets. Sin
    elecciones generales, sin una prensa sin trabas y libertad de reunión y
    sin una libre lucha de opiniones, va muriendo la vida en toda
    institución pública, se convierte en vida apa­rente, en la que el único
    elemento activo es la burocracia. La vida pública se va adormeciendo
    paulatinamente, algunas docenas de cabezas sobresalientes y una élite
    del proleta­riado son convocados de tiempo en tiempo a asambleas para
    aplaudir los discursos de los jefes y aprobar "unánimemente las
    resoluciones propuestas". La dictadura del proleta­riado es, según Rosa
    Luxemburgo, la "dictadura de la clase, y no de un partido o de una
    claque". Ha de realizarse "en la más amplia publicidad, con la
    participación más activa y libre de las masas populares, en una
    democracia ilimitada".

    Pero de lo que más en guardia ponía Rosa
    Luxemburgo era de ir relegando la realización de la democracia
    socialista a un futuro lejano: "es tarea histórica del proletariado el
    introducir, una vez en el poder, la democracia socialista en lugar de la
    democracia burguesa, y no la de eliminar toda democracia. Pero la
    democracia socialista no comienza en la tierra prometida, cuando se han
    echado los cimientos de la economía socialista, como un regalo de
    Navidad ya listo para el honrado pueblo que ha apoyado mientras tanto
    fiel­mente el puñado de dictadores socialistas. La democracia socialista
    comienza ya con el derrocamiento del reinado de las clases y la
    edificación del socialismo".


    LA TRANSICION AL STALINISMO

    Hasta
    qué punto tenía razón Rosa Luxemburgo con su crítica y sus
    advertencias, lo mostró el desarrollo ulterior del bolchevismo. En los
    años de la guerra civil se centralizaron el poder militar y el
    económico, se eliminaron en la econo­mía los Comités de control del
    trabajo que habían sido elegidos, colocándose las empresas bajo la
    dirección de di­rectores de fábrica estatales. La Cheka redujo al
    silencio no sólo a fuerzas contrarrevolucionarias, sino también a
    parece­res y corrientes críticos en el propio campo.

    Con los
    éxitos de los bolcheviques en la guerra civil se cambió la estructura y
    el carácter del partido. A causa de la larga guerra civil, el hambre y
    las privaciones, se paralizó el estusiasmo revolucionario, y se
    fortaleció y creció el aparato bolchevique. Acudían, cada vez más, al
    partido el tipo de hombre que suele estar siempre del lado de los más
    fuertes. Dentro del partido, que desempeñaba el papel de único par­tido
    en el poder, se desarrollaba una nueva casta privi­legiada.

    "Cuando
    cedió la tensión y los nómadas de la revolu­ción se hicieron
    sedentarios, despertaron y se desarrollaron en ellos propiedades
    pequeño-burguesas, simpatías y tenden­cias de funcionarios satisfechos
    de sí mismos", caracterizaba más tarde Trotsky este cambio. En las
    sesiones del Comité Central notaba Trotsky "la voz del apaciguamiento
    moral, de la autosatisfacción y del aplauso pueblerino". Las noches
    dedicadas en común a la bebida con las inevitables charlas sobre los
    ausentes, se convirtieron, según Trotsky, en "diver­siones que se fueron
    haciendo costumbre en la nueva casta social gobernante".

    Pero
    esta evolución iba siendo ya observada por mu­chos bolcheviques con
    preocupación y espanto -sobre todo por la "oposición obrera" bajo la
    jefatura de Shliapnikov y por el grupo de oposición de los "centralistas
    democrá­ticos". Ambos grupos se volvieron con toda crudeza contra la
    centralización y burocratización del partido, contra la opresión de la
    libertad de opinión; la "oposición obrera" se opuso también a la
    dirección económica centralista y el nombramiento desde arriba de los
    directores de empresas, exigiendo -en consonancia con las ideas de Marx y
    Engels-, poner las empresas en manos de consejos obreros elegidos.

    "No
    somos partidarios de la edificación del socialismo bajo la dirección de
    "organizadores de trust". Somos parti­darios de la edificación del
    socialismo por la fuerza de clase creadora de los mismos trabajadores, y
    no por medio de órdenes de "capitanes de industria", declaraba el
    bolche­vique de oposición Ossinski: "El socialismo y las organizaciones
    socialistas han de instaurarse por el proletariado mismo, o no se
    instaurarán; surgirá otra cosa, el capitalismo de Estado".

    Sapronov,
    que pertenecía al grupo de los "centralistas democráticos", puso en
    guardia ante la creciente centrali­zación y burocratización del partido:
    "convertís a los miem­bros del partido en gramófono obediente con jefes
    que dan órdenes". Si este proceso sigue adelante, también el Comité
    Central será sustituido por un dictador: "también aquí pue­de nombrarse a
    un único jefe", y "entonces se habrá perdi­do la revolución".

    A
    principios de 1923, la última oposición de este tipo, el "grupo de
    trabajadores", se alzó contra estas tendencias en el seno del partido:
    "la central del P.C.R. no quiere tolerar ninguna crítica porque se cree
    tan infalible como el papa de Roma". El "grupo de trabajadores" predijo
    que en la Unión Soviética iba a surgir una nueva clase domi­nante. "El
    mayor peligro está en que la forma de vida de una parte muy grande de la
    cumbre rectora ha comenzado muy pronto a cambiar. Si dura algún tiempo
    esta situación, en la que los miembros de la administración de un trust,
    pongamos por caso del trust del azúcar, reciben mensual­mente 200
    rublos-oro de sueldo y además una buena y bara­ta vivienda y tienen a su
    disposición un auto gratis", mientras que un trabajador "aparte de la
    modesta ración que recibe del Estado, cobra mensualmente una media de
    cuatro a cinco rublos", es inevitable una nueva formación de clases. "Si
    esta situación no desaparece pronto, sino que sigue in­fluyendo durante
    diez y veinte años, el ser de unos y de otros determinará su conciencia
    y se enfrentarán unos a otros como dos luchadores en distintos campos".
    Existe con ello el peligro de la transformación del poder proletario en
    una oligarquía. El partido comienza a "transformarse en un grupo de
    detentadores del poder, que mantienen en sus manos los recursos
    económicos y el dominio sobre el país, pasando a ser un casta
    obligatoria".

    El mismo Lenin que consideraba exagerados estos
    pare­ceres y combatió a sus partidarios, tomando "medidas
    admi­nistrativas" contra ellos o, al menos, permitiendo que se tomaran,
    no dejó de observar su desarrollo con preocu­pación, aunque es cierto
    que minusvaloró el peligro.

    Así, en Diciembre de 1920, se quejaba
    Lenin de "que nuestro Estado es un Estado de trabajadores con
    excrecen­cias burocráticas". Ya en Febrero de 1921 habló de "burócratas
    soviéticos", y se quejó de que "había en­trado demasiado burocratismo en
    el aparato". En Mar­zo de 1921 decía Lenin que el "tumor burocrático se
    ha convertido en punto delicado", del orden estatal, criti­có la
    "deficiente realización del democratismo, queján­dose de que "el aparato
    burocrático fuera tan gigantes­co".

    Sin embargo, sólo a finales
    de 1922 comenzó Lenin a ver en toda su dimensión el amenazador peligro
    del aparato burocrático. El aparato soviético, escribía, es el viejo
    "apa­rato ruso", al que los bolcheviques "han tomado del zarismo y lo
    han untado muy ligeramente con aceite soviético". Los bolcheviques no
    podían considerar este aparato como pro­pio. Lenin vió ahora en el
    aparato un poder extraño y ame­nazador: "Si queremos ser honrados, hemos
    de confesar que calificamos como nuestro a un aparato que en realidad
    va siendo cada vez más ajeno y representa una mescolanza
    bur­guesa-zarista". También se hallaba Lenin seriamente preocu­pado por
    el creciente nacionalismo ruso: "no cabe duda de que el insignificante
    porcentaje de trabajadores soviéticos y sovietizados se va a ahogar en
    este mar de chusma chauvi­nista gran-rusa, como las moscas en la leche".

    Se
    añadió a ésto que la esperanza de los bolcheviques de una revolución
    mundial resultó ser una ilusión. La Rusia soviética se quedó sóla. Los
    revolucionarios intelectuales con mentalidad internacionalista,
    penetrados de marxismo revolucionario y por los objetivos socialistas,
    fueron siendo sustituidos, cada vez más, por aparachiks de mentalidad
    es­trecha y horizonte provinciano, que vieron en el poder la realización
    de sus propias aspiraciones. Se agruparon en tor­no a la Oficina de
    Organización y al Secretariado de la jefa­tura del partido, donde
    residía Stalin, Secretario General del partido desde Marzo de 1922. En
    Marzo de 1922 se quejaba Lenin de que el desarrollo soviético sólo se
    determina por la "autoridad de la delgadísima capa a la que puede
    llamarse vieja guardia del partido". Una insignificante lucha interna
    puede llevar a que el desarrollo soviético "ya no esté depen­diendo de
    ella".

    El 21 de Enero de 1924 murió Lenin. Sus advertencias sobre
    Stalin no fueron atendidas, ni se siguió su urgente propuesta de
    destituir a Stalin. El desarrollo de la Unión Soviética ya no dependía,
    como lo predijo Lenin, de la vieja guardia de los bolcheviques, sino de
    los nuevos apa­rachiks, cuyo portavoz y jefe era Stalin.

    El
    desarrollo ulterior, no sólo de la Unión Soviética, sino también de la
    teoría política del comunismo fué, en lo sucesivo, determinado por el
    hijo de un zapatero georgiano, que se llamó José Vissarionovich
    Dshugashvili, que actuó en el partido bolchevique al principio bajo el
    nombre de Koba, y más tarde fué mundialmente conocido por el nombre de
    Stalin.

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    Re: Engels sobre Thomas Munzer, un pasaje de gran interés.

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