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    Egipto: frente a las falsas disyuntivas del poder capitalista, hay que defender la lucha de las masas y la independencia de clase para la revolución social

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    luxemburguista
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    Egipto: frente a las falsas disyuntivas del poder capitalista, hay que defender la lucha de las masas y la independencia de clase para la revolución social

    Post  luxemburguista on Sat Dec 07, 2013 3:29 am

    Nuestra organización ha emitido el 5 de Julio, tras unos días de debate, un primer Comunicado sobre lo que está ocurriendo en Egipto (puede verse en: http://altermundialistas.wordpress.com/2013/07/06/viva-la-revolucion-egipcia/).
    En el Comunicado se ha querido señalar la relevancia del proceso revolucionario en curso, su trascendencia a escala mundial. Y, sobre todo, destacar el protagonismo de sectores de la sociedad egipcia no reflejados por los mass media: los jóvenes, las mujeres, los trabajadores radicalizados con sus organizaciones sindicales independientes,… Esos sectores, sus “prácticas de autoorganización, de autogestión y de ciudadanía activa” para la lucha, son lo más importante para nosotras. Porque “lo que surge de esta movilización popular egipcia” es lo que contribuye al proceso revolucionario.

    Algunos camaradas han señalado, y con razón, que el análisis debe afinarse mucho más, por la importancia del proceso egipcio y por la gravedad de la situación. Para lo que se empleará especialmente nuestra publicación, Rouge et Vert. Es en ese sentido que quiero aportar mis planteamientos, a partir del propio Comunicado y del análisis que sobre las “revoluciones largas” estamos haciendo en la organización.

    “Los Alternativos estarán particularmente atentos … a todas las tentativas de negación del carácter profundamente democrático y social de esta movilización.”

    Lo que se desarrolla en Egipto (al igual que en otras partes del Planeta) sólo puede ser comprendido si lo analizamos como un PROCESO de luchas masivas, y sin separar los diversos momentos o acontecimientos de la globalidad del proceso. Podemos recurrir a un concepto que se muestra válido una vez tras otra en estos procesos. Me refiero al concepto de Huelga (Política) de Masas, tal como fue formulado por Rosa Luxemburgo a partir de su análisis del proceso revolucionario en Rusia hacia el año 1905. Estamos hablando de:

    1. Un proceso de luchas que se van interrelacionando de manera muy compleja y sin una linealidad clara. No de un simple conjunto de luchas aisladas, y menos aún de una lucha dirigida o controlada por ninguna élite u organización concretas. Como quieren hacernos creer desde los medios del sistema. Debemos recordar que pocos días antes de que se produjeran las primeras concentraciones masivas en la Plaza Tahrir, esos mismos medios publicitaban a muchos “sesudos analistas”, comenzando por algunos egipcios, que negaban en las televisiones la posibilidad de que el ejemplo tunecino pudiese extenderse al país egipcio. Argumentaban la “incultura” del pueblo egipcio. En realidad, además de minusvalorar o negar las luchas precedentes (muy relevantes para el proceso), estaban sólo demostrando su incapacidad para reconocer la impredicibilidad de las movilizaciones masivas, que siempre tienen un enorme componente de espontaneidad. Son los mismos que ahora tratan de “encerrar” la revolución egipcia en esquemas falsos que sólo responden a los intereses del poder.

    2. Un proceso de luchas que reflejan todas las inquietudes y anhelos de la sociedad egipcia. Y sus propias contradicciones. Se aparecen ante la gente, en cada momento, centradas en unas reivindicaciones concretas, de carácter económico, político, social,... Pero encierran en sí mismas la aspiración a un cambio global, lo que se evidencia precisamente en:
    • los cambios continuos en la “centralidad” de esas reivindicaciones: mejores salarios o condiciones laborales, derechos sociales, situación de la mujer, rechazo del hambre y la miseria, oposición a las formas dictatoriales y autoritarias, a la corrupción,…
    • la cada vez mayor vinculación entre las reivindicaciones, producto de compartir luchas entre diversos movimientos y activistas, y de la extensión de la conciencia de globalidad entre la gente que lucha;
    • y el mantenimiento de la insatisfacción frente a las supuestas soluciones parciales a las reivindicaciones concretas y frente a los “lentos ritmos” del poder, frente a sus peticiones de “paciencia”.

    Este análisis tiene una conclusión práctica para las militantes y organizaciones revolucionarias: hay que apoyar, decididamente, el proceso de luchas en Egipto. Sin negar su carácter contradictorio y distinguiendo las fuerzas, propuestas y acciones que sí sirven a la revolución de aquellas otras que tratan de manipularla o destruirla. Por eso hay que apoyar especialmente las luchas de los trabajadores, contra la explotación laboral y con propuestas ya netamente políticas (que se siguen produciendo, sobre todo en las áreas vinculadas al Canal de Suez, especialmente en Port Said, de lo que no nos hablan los telediarios); las luchas de las mujeres, en un país machista, y en primer lugar por tener un papel relevante y no sometido en el propio proceso revolucionario; y las luchas de los jóvenes, en un país mayoritariamente joven, contra todas las tradiciones opresoras. Y hay que tener mucha precaución: ni Tahrir es todo Egipto, ni Tahrir siempre está ocupado por los mismos.

    “Los Alternativos estarán particularmente atentos … a todas las tentativas de confiscación de esta movilización popular tanto por el ejército como por la burguesía.”

    Frente a los supuestos “grandes actores políticos” que centran la labor des-informativa de los mass media, hay que denunciar que tanto el gobierno de Mursi y los Hermanos Musulmanes, como el ejército y las organizaciones que se han vinculado a él, son exponentes del poder capitalista.

    Mursi, que ganó las elecciones como “salvador” frente a la dictadura y la miseria impuestas por Mubarak, ha defraudado por completo las expectativas de la mayoría. Porque no ha cambiado nada realmente importante. Ha mantenido el sistema socio-económico que había generado esa miseria (el capitalismo dependiente egipcio). Y ha intentado “reforzar” su poder evidenciando modos autoritarios que recordaban a Mubarak. Ahora se muestra como el “defensor de la democracia”. Pero la idea de la democracia que mantienen su gobierno y su organización ya sabemos perfectamente lo que es: una falsa democracia formal, si acaso representativa, en la que el poder sigue en manos de una minoría que sólo da limosnas al pueblo. Y, en este caso concreto, con todas las características alienantes y opresoras que todas las religiones aportan: para frenar a las masas, para someter a las mujeres y a los jóvenes, para mantener una sociedad vertical.

    El ejército y sus partidarios proceden en su mayoría del antiguo régimen de Mubarak. Y, con los tanques en la calle, han dado un golpe de estado, antidemocrático incluso para los estrechos límites de la democracia burguesa. No tienen intención alguna de cambiar tampoco nada sustancial: ni la explotación capitalista; ni la situación de miseria que padece el pueblo; ni menos aún su propio poder, que les convierte en una casta parasitaria cuya función principal es garantizar el orden capitalista establecido.

    Aunque no lo reconozcan abiertamente y pidan “la vuelta a la normalidad democrática”, los grandes gobiernos, siguiendo las indicaciones de las transnacionales, ven con buenos ojos la intervención militar, como antes vieron bien la victoria de los islamistas “moderados”. Porque el objetivo real del golpe de estado no es el gobierno islamista. El golpe de estado se produce en primer término y sobre todo contra la radicalización del proceso de luchas y la posibilidad de una verdadera transformación revolucionaria de todo el orden social en Egipto. Para eso es para lo que el ejército ha intervenido. Las imágenes del acto de destitución de Mursi son extremadamente elocuentes: todos los poderes fácticos, lo más rancio del poder, unidos para la foto.

    Ya están mostrando bien a las claras lo que para ellos es la “democracia”: con la excusa de la “salvación nacional”, reprimen y asesinan mientras dejan vía libre a los elementos más reaccionarios, auténticos sicarios del antiguo régimen que no sería extraño que sean también los que están detrás de las violaciones masivas y sistemáticas de las mujeres que luchan en las calles. Y nombran a títeres como presidentes y primeros ministros, para que parezca que se está en vías de “normalización”.

    Se nos recuerda mucho ahora que Egipto puede acabar como Argelia (1991) o como Siria (ahora mismo). De muchos otros ejemplos podríamos acordarnos (desde Chile en 1973 a la misma España en 1936). Pero no para asustarnos ante un caos que ya está presente en la propia dinámica del capitalismo, sino para recordar que ningún ejército es revolucionario. Tras tantos casos de represión por parte de tantos poderes militares, es algo que los revolucionarios debemos tener muy claro. Eso y que tenemos que luchar siempre por la disolución de esos mercenarios al servicio del poder.

    Esto tiene también una consecuencia clara y práctica para los militantes y organizaciones revolucionarias: hay que rechazar a los dos bloques del poder, al que se configura alrededor de Mursi y los Hermanos Musulmanes, que de demócratas sólo tienen que ahora les es útil para sus fines; y al articulado alrededor de los militares golpistas y represores. Y hay que tener mucho cuidado con los buitres que aguardan su turno a la mesa del poder. En especial con el-Baradei, el recambio que tiene preparado la autoproclamada “Comunidad Internacional”, el brazo político de las transnacionales.

    Hay que mantenerse firmes en lo que siempre ha sido un principio central para el movimiento obrero: la independencia de clase. Porque esto es una cuestión de clases sociales y de intereses reales de esas clases sociales. Es a la burguesía, al capital mundial, a quien interesa que el proceso revolucionario egipcio de diluya en una pugna entre élites que aspiran sólo a gestionar lo mismo. Es al capital mundial al que le asusta cualquier “tercera” opción, autónoma y creada directamente por las más amplias masas desde abajo. Y es a los trabajadores y a los explotados en general a quienes no les interesan ninguno de esos dos bandos, a quienes sólo les interesa lo que ellos mismos puedan hacer y construir sin sumisión alguna al poder. Sólo eso podrá llamarse verdaderamente democracia.

    Por más que parezca difícil no elegir entre las dos supuestas opciones que los medios capitalistas de desinformación de masas nos ofrecen como únicas existentes, tenemos que recordar lo que para nuestros predecesores en el movimiento por la emancipación de la Humanidad estaba muy claro: “Ni en dioses, reyes ni tribunos está el supremo salvador.” Porque “la emancipación de los trabajadores será obra de los trabajadores mismos”. Para ellos estaba muy claro en la teoría. Para nosotros debe estarlo también en la práctica.

    Paco Fernández. Militante de Los Alternativos – Alternativa Roja y Verde en el estado español

    http://altermundialistas.wordpress.com/2013/07/11/egipto-frente-a-las-falsas-disyuntivas-del-poder-capitalista-hay-que-defender-la-lucha-de-las-masas-y-la-independencia-de-clase-para-la-revolucion-social/


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