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    CHINA, ¿LA CRIADA DE ESTADOS UNIDOS? El dilema de la RPCh en la crisis global

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    JM Delgado

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    Group : Democracia Comunista Internacional-Organización marxista luxemburguista
    Location : Metalúrgico
    Registration date : 2008-06-20

    CHINA, ¿LA CRIADA DE ESTADOS UNIDOS? El dilema de la RPCh en la crisis global

    Post  JM Delgado on Wed Mar 31, 2010 12:45 pm

    Ho-fung Hung: China, ¿la criada de Estados Unidos?

    Frente a las predicciones de que China pronto reemplazará a Estados Unidos como la principal potencia económica mundial, Hung Ho-Fung sostiene que el crecimiento orientado hacia las exportaciones de la RPCh y sus vastas reservas de dólares la han atrapado en un papel subordinado con el que se halla comprometida buena parte de su elite.

    (Fragmento) Leer completo en New Left Review, nº 60
    http://www.newleftreview.es/

    Perspectivas

    Durante las dos últimas décadas, China ha emergido como el eslabón último de los procesos de producción industrial y como exportador final de la red asiático-oriental de producción. Ha alcanzado también el estatus de principal acreedor de Estados Unidos y mayor poseedor de reservas de divisas, y ha demostrado el potencial para convertirse en el mercado del mundo además de su principal centro productor. China se halla, pues, bien colocada para implementar un nuevo orden económico regional y global mediante su contribución a que Asia y el Sur global abandonen su dependencia comercial y financiera del Norte en general y de Estados Unidos en particular.
    Sin embargo, el potencial de China para dirigir tal proceso está lejos todavía de ser una realidad. Hasta el momento, la estrategia de la RPCh de prestar a Estados Unidos para facilitar la compra de sus exportaciones únicamente ha profundizado su dependencia, así como la de sus proveedores, de los consumidores y del mercado de bonos estadounidenses, haciendo a aquéllos vulnerables a cualquier turbulencia de la economía global. La competitividad exportadora a largo plazo de la RPCh radica en un modelo de desarrollo que arruina al sector rural y prolonga una oferta ilimitada de trabajo
    migrante barato para las industrias exportadoras de la cornisa del Pacífico.
    El excedente comercial cada vez mayor que resulta de este modelo puede incrementar el poder financiero global de China por mor de la acumulación creciente de deuda estadounidense, pero la represión a largo plazo de los salarios constriñe el crecimiento de la capacidad de consumo del país. La actual
    crisis financiera, que ha diezmado la demanda de consumo del Norte global e incrementado la probabilidad de un colapso del mercado de bonos estadounidense así como del dólar, es una tardía llamada de atención para optar por un cambio urgente de curso.
    Pekín sabe perfectamente que una acumulación ulterior de reservas de divisas es contraproducente, pues incrementará el riesgo asociado a los activos que China ya posee o bien instará a adquirir otros que encierren un riesgo todavía mayor. El gobierno es también totalmente consciente de la
    necesidad de reducir la dependencia exportadora del país y de estimular el crecimiento de la demanda interna mediante el incremento de la renta disponible de las clases trabajadoras. Una redefinición tal de las prioridades implica la reasignación de recursos y la reorientación de las políticas desde las ciudades costeras hacia las provincias del interior, en las que una prolongada marginación social y un persistente subconsumo han abierto un amplio espacio de maniobra para acometer mejoras. Sin embargo, los intereses
    adquiridos como resultado de varias décadas de desarrollo orientado hacia la exportación convierten este cambio de curso en una formidable tarea.
    Los funcionarios y empresarios de las provincias costeras, que se han convertido en un poderoso grupo capaz de definir los parámetros y la implementación de las políticas del gobierno central, se han mostrado inflexibles hasta la fecha a la hora de bloquear tal reorientación. Esta facción dominante de la elite china –los exportadores y acreedores de la economía mundial– ha establecido una relación simbiótica con la clase dominante estadounidense, que ha luchado por mantener su hegemonía interna garantizando el nivel de vida de sus ciudadanos como consumidores y deudores del mundo.

    A pesar de las disputas ocasionales, ambas elites a los dos lados del Pacífico comparten un interés en perpetuar sus respectivos statu quo internos, así como los actuales desequilibrios de la economía global.
    A no ser que se produzca una realineación política fundamental que cambie el equilibrio de poder, en la actualidad escorado a favor de la elite urbana de la cornisa costera, en beneficio de las fuerzas que representan los intereses de la mayoría de la población de las zonas rurales, es probable que China continúe liderando al resto de exportadores asiáticos en su afán por servir diligentemente a Estados Unidos, al tiempo que todos ellos se convierten en sus rehenes. El establishment anglosajón se ha mostrado últimamente más respetuoso con sus socios asiáticos, invitando a China a convertirse en un «copartícipe» del orden global «chinomericano» o «G2». Lo
    que esto quiere decir es que China no debe hundir el barco, sino continuar contribuyendo a mantener la preeminencia económica estadounidense (a cambio, quizá, de una mayor consideración de las preocupaciones de Pekín por el Tíbet y Taiwán). Esta actitud permitiría a Washington ganar un
    tiempo precioso para asegurar su predominio sobre sectores emergentes de la economía mundial mediante la inversión pública en tecnología verde y otras innovaciones financiada mediante el correspondiente endeudamiento, y rehacer así su debilitada supremacía en una hegemonía verde. Ésta parece
    ser exactamente la apuesta de la Administración Obama como respuesta a largo plazo a la crisis global y al declinante poder estadounidense.

    Si China reorientara su modelo de desarrollo y lograra un mayor equilibrio entre consumo interno y exportaciones, no se liberaría tan sólo de la dependencia del moribundo mercado de consumo de Estados Unidos y de la adicción a la peligrosa deuda de este país, sino que también beneficiaría a los productores industriales de otras economías asiáticas que están igualmente ansiosos de escapar de esos peligros. Más fundamental si cabe es el hecho de que si otras economías emergentes acometieran una reorientación similar y se intensificara el comercio Sur-Sur, de modo que éstas pudiesen
    convertirse recíprocamente en consumidoras unas de otras, se inauguraría entonces una nueva era de crecimiento autónomo y equitativo en el Sur global. Hasta que ello suceda, sin embargo, un recentramiento del capitalismo global del Oeste hacia el Este y del Norte hacia el Sur como consecuencia de la crisis global es poco más que un deseo piadoso

      Current date/time is Sun Dec 04, 2016 5:28 pm