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    El papel de la clase obrera en las rebeliones de Oriente Medio

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    JM Delgado

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    El papel de la clase obrera en las rebeliones de Oriente Medio

    Post  JM Delgado on Fri Feb 18, 2011 5:05 am

    Lo que no se conoce sobre Egipto

    Vicenç Navarro
    Público


    La caída del dictador Mubarak como resultado de la movilización popular es un motivo de alegría para toda persona con sensibilidad democrática. Pero esta misma sensibilidad democrática debería concienciarnos de que la versión de lo ocurrido que ha aparecido en los medios de información de mayor difusión internacional (desde Al Yazira a The New York Times y CNN) es incompleta o sesgada, pues responde a los intereses que los financian. Así, la imagen general promovida por aquellos medios es que tal evento se debe a la movilización de los jóvenes, predominantemente estudiantes y profesionales de las clases medias, que han utilizado muy exitosamente las nuevas técnicas de comunicación (Facebook y Twitter, entre otras) para organizarse y liderar tal proceso, iniciado, por cierto, por la indignación popular en contra de la muerte en prisión, consecuencia de las torturas sufridas, de uno de estos jóvenes.

    Esta explicación es enormemente incompleta. En realidad, la supuesta revolución no se inició hace tres semanas y no fue iniciada por estudiantes y jóvenes profesionales. El pasado reciente de Egipto se caracteriza por luchas obreras brutalmente reprimidas que se han incrementado estos últimos años. Según el Egypt’s Center of Economic and Labor Studies, sólo en 2009 existieron 478 huelgas claramente políticas, no autorizadas, que causaron el despido de 126.000 trabajadores, 58 de los cuales se suicidaron. Como también ocurrió en España durante la dictadura, la resistencia obrera democrática se infiltró en los sindicatos oficiales (cuyos dirigentes eran nombrados por el partido gobernante, que sorprendentemente había sido aceptado en el seno de la Internacional Socialista), jugando un papel clave en aquellas movilizaciones. Miles y miles de trabajadores dejaron de trabajar, incluidos los de la poderosa industria del armamento, propiedad del ejército. Se añadieron también los trabajadores del Canal de Suez (6.000 trabajadores) y, por fin, los empleados de la Administración pública, incluyendo médicos y enfermeras (que desfilaron con sus uniformes blancos) y los abogados del Estado (que desfilaron con sus togas negras). Uno de los sectores que tuvo mayor impacto en la movilización fue el de los trabajadores de comunicaciones y correos, y los del transporte público.

    Los centros industriales de Asyut y Sohag, centros de la industria farmacéutica, energía y gas, también dejaron de trabajar. Las empresas en Sharm El-Sheikh, El-Mahalla Al Kubra, Dumyat y Damanhour, centros de la industria textil, muebles y madera y alimentación también pararon su producción. El punto álgido de la movilización obrera fue cuando la dirección clandestina del movimiento obrero convocó una huelga general.

    Los medios de información internacionales se centraron en lo que ocurría en la plaza Tahrir de El Cairo, ignorando que tal concentración era la cúspide de un témpano esparcido por todo el país y centrado en los lugares de trabajo –claves para la continuación de la actividad económica– y en las calles de las mayores ciudades de Egipto.

    El ejército, que era, y es, el ejército de Mubarak, no las tenía todas consigo. En realidad, además de la paralización de la economía, tenían temor a una rebelión interna, pues la mayoría de los soldados proceden de familias muy pobres de barrios obreros cuyos vecinos estaban en la calle. Mandos intermedios del ejército simpatizaban también con la movilización popular, y la cúpula del ejército (próxima a Mubarak) sintió la necesidad de separarse de él para salvarse a sí misma. Es más, la Administración de Obama, que al principio estuvo en contra de la dimisión de Mubarak, cambió y presionó para que éste se fuera. El Gobierno federal ha subvencionado con una cantidad de 1.300 millones de dólares al año al ejército de aquel país y éste no podía desoír lo que el secretario de Defensa de EEUU, Robert Gates, estaba exigiendo. De ahí que el director de la CIA anunciase que Mubarak dimitiría y, aunque se retrasó unas horas, Mubarak dimitió.

    Ni que decir tiene que los jóvenes profesionales que hicieron uso de las nuevas técnicas de comunicación (sólo un 22% de la población tiene acceso a Internet) jugaron un papel importante, pero es un error presentar aquellas movilizaciones como consecuencia de un determinismo tecnológico que considera la utilización de tecnología como el factor determinante. En realidad, la desaparición de dictaduras en un periodo de tiempo relativamente corto, como resultado de las movilizaciones populares, ha ocurrido constantemente. Irán (con la caída del Sha), el Muro de Berlín, la caída de las dictaduras del Este de Europa, entre otros casos, han caído, una detrás de otra, por movilizaciones populares sin que existiera Internet. Y lo mismo ocurrió en Túnez, donde, por cierto, la resistencia de la clase trabajadora también jugó un papel fundamental en la caída del dictador, cuyo partido fue también, sorprendentemente, admitido en la Internacional Socialista.

    El futuro, sin embargo, comienza ahora. Es improbable que el ejército permita una transición democrática. Permitirá establecer un sistema multipartidista, muy limitado y supervisado por el ejército, para el cual el enemigo número uno no es el fundamentalismo islámico (aunque así lo presenta, con el fin de conseguir el apoyo del Gobierno federal de EEUU y de la Unión Europea), sino la clase trabajadora y las izquierdas, que son las únicas que eliminarían sus privilegios. No olvidemos que las clases dominantes de Irán, Irak y Afganistán apoyaron el radicalismo musulmán (con el apoyo del Gobierno federal de EEUU y de Arabia Saudí) como una manera de parar a las izquierdas. Una de las primeras medidas que ha tomado la Junta Militar ha sido prohibir las huelgas y las reuniones de los sindicalistas. Sin embargo, esta movilización obrera apenas apareció en los mayores medios de información.

    Vicenç Navarro es Catedrático de Políticas Públicas de la Universitat Pompeu Fabra y profesor de Public Policy
    en The Johns Hopkins University

    Fuente: http://blogs.publico.es/dominiopublico/3047/lo-que-no-se-conoce-sobre-egipto/

    rCR

    JM Delgado

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    El papel de la clase obrera en las rebeliones de Oriente Medio

    Post  JM Delgado on Sat Feb 19, 2011 5:08 am


    El "viejo topo" proletario vuelve a cavar

    Fernando Dorado
    Rebelión


    La reaparición del proletariado como sujeto social revolucionario, es el aspecto principal que nos ha mostrado el desarrollo de las revoluciones democráticas árabes. Es un hecho de una trascendencia mayúscula porque se da en el marco de la crisis sistémica del capitalismo y de la decadencia del imperio neo-colonial más poderoso de la historia de la humanidad (EE-UU.)

    No podemos afirmar que el protagonismo del proletariado haya sido pleno. Sus banderas anti-capitalistas contra la explotación del trabajo no están explícitas. Sin embargo, nadie puede negar su nítida participación. La fuerza social determinante en el desarrollo de estas luchas fue el proletariado. Y de acuerdo a la situación objetiva de desempleo y creciente pobreza, va a ser el principal sujeto revolucionario en esta nueva etapa de la revolución mundial.

    En una primera fase (primeros días), estuvo representado por los jóvenes egipcios, que son hijos relativamente “cultos o estudiados” de los trabajadores, con un futuro incierto y que tienen ante sí la realidad laboral-existencial de sus padres. En una segunda e inmediata fase se movilizaron los trabajadores adultos “informalizados” (desempleados, o con empleos temporales y precarios, o subempleados), que arrastraron tras de sí a las clases medias urbanas. Y en una tercera fase, la que determinó la caída de Mubarak, se vinculó la clase obrera centralizada – el proletariado industrial –, cuya participación fue definitiva para obligar a la cúpula del ejército a derrocar a su jefe mediante un “suave golpe de Estado”, dirigido a contener la profundización inmediata de la revolución.

    Esto se corresponde con el hecho de que la lucha de clases entre el proletariado y la burguesía – entre el capital y el trabajo – ha vuelto a ocupar el lugar de la contradicción principal en el mundo. La vieja clase obrera industrial centralizada – que hoy es una minoría -, que fue domesticada por el “Estado del bienestar”, ha sido rebasada por ese nuevo proletariado informalizado que, por su lugar en el proceso productivo, dispersión en micro-circuitos productivos, capacidad técnico-informática y cibernética, idiosincrasia cosmopolita e internacionalista, se manifiesta en sus luchas directamente ante el poder del Estado y no ante patronos capitalistas privados.

    Ésta insurgencia proletaria de contenido eminentemente político es la expresión más clara de la contradicción fundamental de la sociedad capitalista: Mientras se hace más amplia la socialización de la producción humana, el fruto de esa riqueza social es apropiada en forma privada – cada vez más estrecha, inequitativa e injusta –, por parte de una minoría exclusiva y excluyente de la población que es dueña anónima de la reducida red de corporaciones de capitalistas transnacionales.

    Pero además, esa contradicción fundamental se manifiesta en la irracionalidad del modelo productivo capitalista – basado en la química del petróleo – que pone en inminente peligro la existencia misma de la vida humana sobre la tierra. Este hecho coloca con mayor fuerza al proletariado a la cabeza de la sociedad humana que lucha por su sobrevivencia.

    En las recientes movilizaciones sociales del Norte de África y el Medio Oriente, y en las que están en desarrollo en el mundo, ese proletariado se ha manifestado como fuerza social protagónica en la lucha por la democracia. Aunque todavía no es totalmente consciente de su objetivo anti-sistémico capitalista, su re-aparición heroica, masiva y beligerante como sujeto social que se puso al frente de estas luchas, le ha dado un contenido superior a las revoluciones democráticas – no tanto por lo planteado en sus programas – como por lo “no explícito”, que evidencia los pasos que va dando esa clase en el proceso de identificación de sus intereses.

    El hecho de que la lucha nacional (anti-imperialista y anti-sionista) no haya estado en primer lugar de las luchas del pueblo árabe, no significa – como muchos analistas lo plantean o sugieren – que haya “olvidado” dicha reivindicación, por efecto de algún tipo de manipulación mediática impulsada por el imperialismo occidental. Lo que se observa en esta nueva etapa de las luchas del proletariado es que los sectores más avanzados de los trabajadores y del pueblo árabe, han entendido que esa contradicción “nacional-cultural-religiosa-territorial” – en el marco de la coyuntura actual – es secundaria, y que la lucha por una verdadera democracia puede incluir a los trabajadores hebreos y a todos los trabajadores del mundo entero sin ninguna discriminación étnica, racial, religiosa, cultural o histórica.

    Quienes mantienen la visión que la contradicción principal se da entre el imperialismo norteamericano, por un lado, y por el otro, los pueblos oprimidos, países y naciones dependientes y subordinadas del mundo, no tienen en cuenta que hoy existe un “sistema mundo capitalista” (Wallerstein) que se basa en un modelo productivo depredador de la naturaleza y del hombre mismo, y que a pesar de la existencia de las contradicciones entre las potencias capitalistas y bloques de países que se alinderan en uno u otro bloque - de acuerdo a sus intereses -, en lo sustancial todos esos países, incluyendo China, sostienen y dependen de ese modelo, basado en la explotación de los recursos fósiles (petróleo, gas, carbón), en la producción caótica y el consumismo desenfrenado de mercancías y servicios frívolos, dañinos y degradantes para la vida humana (incluyendo los narcóticos y toda clase de productos adictivos).

    La profundidad de la crisis sistémica que sufre el mundo actual, y la reaparición de un proletariado como sujeto revolucionario de las luchas sociales y políticas de la actualidad – especialmente el proletariado “informalizado” que no tiene nada qué perder –, es un hecho que debe ser puesto en el primer lugar de los análisis políticos y geo-estratégicos.

    La teoría de la conspiración y la manipulación mediática de las “revoluciones de colores”[1] ya no sirve para explicar los hechos que suceden en el mundo. Dicha teoría no tiene en cuenta las contradicciones internas de cada uno de los países y naciones, que están determinadas y traspasadas por la contradicción entre el capital y el trabajo.

    Para el proletariado y la humanidad – como garantía de supervivencia –, la lucha por la más amplia democracia es fundamental y prioritaria. En ese sentido, la permanencia de Estados totalitarios – cualquiera sea la forma que asuman (“liberal”, islámica, comunista, socialista, democrático-nacional, u otra) -, es un obstáculo que impide la clarificación por parte de las mayorías planetarias de la necesidad y urgencia de transformaciones estructurales de carácter anti-sistémico y anti-capitalista. Es un velo que hay que quitar.

    Sin negar las contradicciones secundarias del mundo actual, entre el imperialismo y los pueblos oprimidos, entre las mismas potencias capitalistas y sus bloques económicos, sin desconocer las reivindicaciones nacionales, étnico-culturales y sectoriales de amplios sectores de la población (género, inmigrantes, jóvenes, etc.), es un deber de los revolucionarios del mundo entero colocar nuevamente en el centro de nuestros análisis y de los planes estratégicos y tácticos en cada país, región y en el ámbito internacional, la contradicción fundamental entre el capital y el trabajo.

    El “topo” proletario sigue cavando. El capitalismo “senil” ya lo ha librado - en gran medida - del trabajo embrutecedor de la fábrica. Ahora, sólo está atado ideológicamente al consumismo febril pero la lógica del capital le ha dado las herramientas culturales y comunicativas para librarse de esas “post-modernas” cadenas. ¡Vamos topo, cava más!

    [1] Es interesante recordar cómo esas teorías conspirativas han sido utilizadas desde siempre por las fuerzas reaccionarias. Cuando Lenin cruzó Alemania en su camino hacia Rusia en el “tren blindado”, el zarismo y la burguesía rusas siempre argumentaron que el dirigente proletario era un agente alemán.


    pepe
    Guest

    el papel de la clase obrera...

    Post  pepe on Mon Feb 28, 2011 1:14 pm

    "Vamos topo cava más".

    Sí, seguirá necesariamente cavando, pero parece que al mismo tiempo lo que requiere ya, ahora, la clase proletaria mundial, es salir a la luz y empezar (dotandose de las necesarias herramientas organizativas para ello) a construir otras edificaciones, otras instituciones, otras formas (propias), otras realidades -proletarias-.
    Es lo que en formas simbólicas están emitiendo por todo el globo las multitudes árabes; nos indican con su toma de las calles y plazas, las señales superluminosas de que todo es posible, de que solo hay que quererlo con verdadera vehemencia;la realidad del deseo de lo común.
    Podría ser que lo que han hecho las multitudes árabes es dar el pistoletazo de salida para iniciar la larga marcha hacia el final del modo de producción capitalista y su sustitución por una democracia mundial de l@s productor@s tod@s, o comunismo global.
    No debería ser casual que todo ello se produzca en medio de las dificultades/imposibilidades del capital mundializado por salir del caos y reorganizar el mundo.
    Es la respuesta espontanea que dan las masas mundiales, la vida general de la especie humana, (plasmada en los eslabones más débiles) al caos y decrepitud del mundo capitalista.
    Solo queda, en todas partes, de asumir ese reto histórico, y proseguir en la brecha simbólica abierta en el mundo por las multitudes árabes, añadiendo a ello la suprema necesidad de la construcción/creación de organizaciones, de realidades propias que oponer/poner en lugar de la realidad del mundo del capital.
    Si ello es así, la tarea es de magnitudes mareantes, pero al mismo tiempo conlleva la inmensísima alegría de la vuelta de la posibilidad de construir un mundo en consonancias con una vida humana libre de las cadenas de la mercancia y el valor de cambio.


    JM Delgado

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    Empleados y trabajadores publicos ocupan el parlamento estatal de Wiscosin

    Post  JM Delgado on Tue Mar 01, 2011 4:34 am

    http://www.democracynow.org/es

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    Re: El papel de la clase obrera en las rebeliones de Oriente Medio

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