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    LA CUADRATURA DE LIBIA

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    francisc
    Guest

    LA CUADRATURA DE LIBIA

    Post  francisc on Sat Apr 02, 2011 2:07 am

    LA CUADRATURA LIBIA
    No es comparable, con Túnez, Egipto, Bering, Yemen, etc. En todos estos países, han sido las masas o pueblos y desarmados –como tienen los estados a los pueblos- los que masivamente se han lanzado a las calles ocupando las plazas principales y rodeando los edificios oficiales, incluso con la quema de algunos de ellos. Todo ello producto del paro y de la miseria en la que viven, aunado a unas dictaduras que le imponen unas subidas en los precios de las primeras necesidades, en la que solo vislumbran un futuro de más miserias.
    En Libia, no hay paro, e incluso tienen que tener mano de obra extranjera para cubrir las necesidades de la oferta del mercado. Por lo que no ha habido, esas manifestaciones masivas de ocupaciones de calles y plazas y de edificios oficiales, sino que una fracción del propio estado con un general a la cabeza, -ex ministro de interior, caído en desgracia- y con sus respectivas armas, el que se ha alzado contra la fracción oficial, ocupando, no las calles y plazas de las principales ciudades pidiendo una reforma constitucional y mejor nivel de vida, sino ocupando los pozos petrolíferos.
    Si la mafia gansteril de Occ. Hasta hoy amiga íntima de Gadafi, se pone en contra de éste y de salvar a la población civil de los bombardeos de la aviación de Gadafi, porqué no opinaron lo mismo para Irak, Afganistán y de tan solo hace unos meses para el Líbano y Gaza con el destrozo hacia esos pueblos de la aviación del estado psicópata de Israel, e incluso de ahora mismo, con las muertes en la población civil de los estados del Yemen y de Bering; no será lo más probable que estén vinculados con esa fracción rebelde, porque ésta le ofrezca aún más a sus negocios o robos que lo que hasta ahora les está ofreciendo Gadafi.
    Pero si esta mafia de Occ, bombardea a Libia, igualmente bombardeará a la población civil, con lo que el tiro le saldrá por la culata, porque a la ya existente corriente cultural que hay en el mundo islámico contra este Occ. Se uniría la de la población Libia, que hasta ahora por ser el único país, que no vive en la miseria, al verse ocupado por extranjeros ladrones, igualmente entrarían en esa dinámica. Y de entrar Occ, no solo se iba apoderar del petróleo, sino que para su defensa pondría bases militares y esas bases militares, no iban a jugar solo el papel de simple defensa de esos intereses petroleros, sino que dado la situación de revuelta de los pueblos del norte de África y de muerte en que se encuentra el modelo del sistema, haría a la par el papel de estado base militar policiaco para el norte de África, al igual que Israel en el oriente medio, con lo que le sumaría a unos gastos, que ya no puede soportar, con lo que se le quedaría su papel a los más a un nuevo Afganistán o Irak, con lo que me afirmo, que su crimen político ya sin estrategia y con una táctica ciega de ambular para adelante, les será un tiro por la culata, aunque consiguieran un Irak, ya no será parecido, sino mucho peor para sus propios intereses, por la simple razón de que cuando empezaron dicho conflicto, su muerte técnica como modelo de sistema no tenía las alta cotas o grados en la que se encuentra en este momento. Pongamos el ejemplo español, -los demás estados en más o menos grados en la misma cuerda- Tiene un déficit de estado del 60 %, calculan que para dentro de 2 años suba al 70 %. Esta intervención guerrera de estos mandarines del parlamento le va a suponer un gasto adicional de 9.000 millones de €, esto si no se prolonga el conflicto más de un año; con lo que nos dará un resultado para el españolito de la calle, de una subida bastante bestial de la inflación, amén en las subidas en las cuotas de las hipotecas, a los ya ahogados hipotecados. Con lo que a las miserias ya existentes, lo mismo en España que en Europa, se verán aumentadas, en desalojos de viviendas y de carencias en las primeras necesidades para el resto de los ciudadanos. Favoreciendo a los pueblos europeos que tengan vida, para luchar contra esas mafias gansteriles y sus crímenes políticos. –por supuesto, perjudicando a los pueblos que viven en la patología del miedo- En este momento puntual de la historia, la táctica que se requiere, no es la parlamentaria, sino la ortodoxa, al menos en el llamado primer mundo.
    Francisco Fenoy

    alberto a.

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    Re: LA CUADRATURA DE LIBIA

    Post  alberto a. on Sat Apr 02, 2011 12:10 pm

    Voy a colocar dos artículos para sumar al debate, y otro día aportar algo propio.
    Saludos
    Alberto a.

    PO 1170 31/3/2011 Internacionales
    Dos semanas de otra intervención criminal de la Otan

    Como se lo podía imaginar cualquiera, los llamados ‘aliados' se han tomado de la resolución 1973 de la ONU, sobre Libia, ‘a la carta'. La prohibición de vuelos se convirtió en un ataque macizo a la defensa aérea de Gaddafi, a sus aeródromos, a su sistema de comunicaciones y sus tanques y tropas sobre el terreno. De la ‘inquietud' por evitar una masacre humana por parte de Gaddafi, las fuerzas armadas de la Otan han pasado al objetivo de neutralizar su fuerza militar y promover su derrocamiento, sin descartar la posibilidad de una ocupación militar, la que se haría por intermedio del envío de una misión humanitaria protegida por las armas. El martes 29, sin embargo, las milicias del gobierno oficial lanzaban una contraofensiva exitosa sobre la importante ciudad de Sirte.

    Es que la Otan se enfrenta a un dilema digno de Hamlet: ¿repetir la política desplegada en la guerra del Golfo, en 1992, de expulsar a las tropas iraquíes de Kuwait, establecer una interdicción aérea en el territorio de Irak y la autonomía de sus zonas kurdas, pero mantener a Saddam Hussein en el poder y la intangiblidad del ejército, o proceder como en 2003, cuando "la fuerza de los voluntariosos" derrocó a Saddam y destruyó su ejército? En las postrimerías de la ocupación militar de Irak, muchos comentaristas político-militares responsabilizaron a la disolución de las fuerzas armadas oficiales y del partido oficial Baas por la anarquía mortífera que desató la ocupación. El desmantelamiento del Estado existente fue denunciado como un error estratégico de los ocupantes. Lamentablemente, durante los once años previos, se había estado diciendo lo contrario, que esa continuidad y ese Estado eran los responsables de la ‘inestabilidad' en el Medio Oriente.

    El asunto vuelve discutirse ahora: al menos Estados Unidos, Italia y otros gobiernos de Europa promueven un golpe de Estado contra Gaddafi, por parte de su círculo de poder, para poder formar gobierno con ex gaddafistas -tanto del oficialismo como de la oposición. Esto evitaría la disolución de las fuerzas armadas y del Estado gaddafistas. Los puestos claves del ‘gobierno de coalición' que han formado los opositores a Gaddafi están ocupados por quienes colaboraron con el ‘líder', sin desfallecer, durante cuarenta años. Francia y Gran Bretaña, por el contrario, se muestran partidarios de una operación militar sin anestesia, que ceda el gobierno a los alzados, con quienes han tejido lazos privilegiados que pretenden hacer valer para disputar una redistribución de los recursos petroleros de Libia, cuyo primer lugar lo ocupa la italiana ENI. Esta pretensión ha dividido a la Unión Europea en dos: Sarkozy-Cameron, de un lado, Berlusconi-Merkel, del otro. Falta solamente que Obama inclíne la balanza para que tengamos el escenario anterior a la última guerra mundial. Para reforzar este panorama retro, Mc Cain, el republicano, exige pasar a la vía rápida, mientras el Roosevelt del momento, Obama, espera que sus rivales europeos se desgasten (no solamente los libios) para fijar los términos de la salida. Para las personas que se inquietan por los sacrificios económicos que insumirá la guerra a las potencias agresoras, Obama las ha sosegado con la información de que alcanzan y sobran para ello los activos congelados al régimen libio. Según una investigación periodística del Washington Post, el muy astuto Gaddafi tenía puestos 30 mil millones de dólares en una sola cuenta de un solo banco en Estados Unidos; lo que se dice, una confianza ilimitada en el imperialismo. La plata congelada que el ‘antiimperialista' Gaddafi ha puesto en activos extranjeros alcanzaría para rescatar a los regímenes quebrados de Grecia, Irlanda y Portugal juntos. En el esfuerzo del gobierno yanqui por imponer al resto del mundo una sistemática devaluación del dólar, la división de la Unión Europea le viene de maravillas.

    El éxito de la contraofensiva última de las tropas de Gaddafi expresa las vacilaciones de la coalición imperialista acerca de la definición de la crisis. Hillary Clinton y la ministra española de Exteriores han enfatizado que no tienen la menor intención de armar al bloque rebelde. Continúa la política de neutralizar a ambos bandos y desgastarlos, para eliminar cualquier obstáculo a una salida arbitrada por el imperialismo.

    La conversión de Libia en un protectorado de la Otan, bajo la forma que sea, sería un golpe tremendo para el progreso de la revolución árabe. Pero es una operación que tiene que hacerse con pinzas, porque un protectorado abierto -con tropas de ocupación incluidas- desataría una rebelión regional aún más vasta que la que se está desarrollando en el momento actual. Y no solamente esto, porque pasaría lo mismo en las naciones europeas, las que ya están protagonizando movilizaciones enormes contra los ajustes capitalistas.

    Los bombardeos de la Otan han acentuado la tendencia a la guerra civil; no hay una propuesta de frente nacional único contra el imperialismo; por un lado, porque la oposición sublevada ha reclamado esos bombardeos como un punto de apoyo para su avance militar a Trípoli y porque en ningún momento plantea la nacionalización integral del petróleo; y, por el otro, porque el supuesto ‘antiimperialista' Gaddafi es incapaz de romper con el imperialismo aliado, que ahora lo quiere sacar del medio, con el planteo de nacionalizar el petróleo de Libia, armar a las masas y llamar a una Asamblea Constituyente convocada por un gobierno de frente único contra la Otan. La estructura política de la coalición opositora no solamente cuenta en posiciones claves con personajes del gaddafismo; una veintena de sus miembros se conserva en la clandestinidad -que algunos informes de la CIA atribuyen al hecho de que serían acólitos de Bin Laden. Si esto fuera así, parece claro que Obama y los republicanos prefieren ignorar el hecho para consumar mejor sus objetivos de saqueo. Más allá de esto, la estructura social del este de Libia, origen de la coalición revolucionaria, se basa en la explotación de los trabajadores extranjeros -tanto de Egipto y menos de Túnez, como de una mayoría centroafricana. Los revolucionarios no han hecho nada para ganar a esta masa a la revolución por medio de la defensa de sus derechos y condiciones de existencia; al revés: hay denuncias de discriminación y persecución. Gaddafi ha reclutado a parte de su milicia en los medios militares centroafricanos, donde ha hecho enormes inversiones financieras. En la década pasada, Gaddafi intervino en la guerra civil de Chad, con los franceses (¡precisamente!) en el bando contrario.

    ¿Se aplica en este caso la recomendación de Trotsky de alinearse con el ‘fascismo' nacional contra el imperialismo ‘democrático', es decir con el gobierno de Gaddafi, como lo señaló para el caso del gobierno del brasileño Vargas (1938) (sin apoyar nunca la política nacional de ese fascismo y denunciándolo en forma implacable), o como cuando Thatcher-Reagan atacaron a la Argentina de Galtieri? La diferencia en Libia es que, además del fascista nativo, tenemos un movimiento de masas contra el régimen opresor, aunque bajo una dirección contrarrevolucionaria. Es a partir de esta caracterización que asentamos nuestra posición en tres planteos: Fuera la Otan, Abajo Gaddafi, Asamblea Constituyente Soberana, por la unión de la revolución árabe -laica y socialista. Los problemas militares de la revolución libia deben ser resueltos por medios y programas revolucionarios y, en primer lugar, la expulsión del imperialismo en todas sus formas.

    Jorge Altamira

    alberto a.

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    Re: LA CUADRATURA DE LIBIA

    Post  alberto a. on Sat Apr 02, 2011 12:13 pm

    Otro material para sumar:

    Libia: Una polémica en la izquierda
    Frente a la intervención “humanitaria” de la OTAN
    Fecha: Jueves 31 de marzo de 2011

    Por: Eduardo Molina , Graciela López Eguía


    Desde el inicio de los bombardeos aeronavales de los aliados, ahora comandados oficialmente por la OTAN, se ha avivado el fuego de los debates en la izquierda en torno al proceso libio.

    ¿En el campo de Kadafi?

    Algunos sectores populistas, afines a la línea de Chávez y el gobierno cubano, insisten -desde el comienzo de la rebelión libia- en apoyar a Kadafi. Pero el viejo dictador no representa ninguna opción antiimperialista. Hace muchos años que pactó con el imperialismo y le abrió las puertas a las transnacionales petroleras. Más aún, estableció “relaciones especiales” con Italia, colaboró con la política xenófoba del imperialismo europeo acordando con Berlusconi que los inmigrantes africanos interceptados en el mar por la policía italiana serían directamente remitidos a Libia. No deja de apelar a “occidente” presentándose como su viejo aliado en la “lucha contra Al Qaeda”. Si el imperialismo quiere la salida de su viejo aliado es porque ya no representa una garantía de estabilidad para sus intereses, es un obstáculo para cualquier plan de transición y su superioridad militar frente a los rebeldes no implica que pueda imponerse fácilmente en una guerra civil que, de prolongarse, complicaría aún más el mapa geopolítico y de la lucha de clases en una región convulsionada por la “primavera de los pueblos árabes”. Apoyar a Kadafi es apoyar uno de los planes contrarrevolucionarios, el de liquidación manu militari de una rebelión popular detonada por progresivas aspiraciones democráticas.

    ¿Con la “zona de exclusión aérea”?

    El imperialismo se inclina ahora por otro plan contrarrevolucionario: montar algún tipo de transición supervisada, sobre la base del apartamiento del gobierno de Kadafi, plan que aparece como más viable para contener la crisis libia. La Resolución 1973 del Consejo de Seguridad de la ONU, en cuyo nombre se bombardean objetivos en territorio libio, responde a este plan (aunque haya diferencias entre las potencias y muchos interrogantes en su definición, comenzando a discutirse en escenarios como la Conferencia en Londres de unos 40 países “aliados”). Que las bombas se lancen bajo pretextos “humanitarios” ha encandilado a otra parte de la izquierda -de tono más socialdemócrata-, que alucina ver aspectos progresivos en la intervención imperialista.

    El intelectual de izquierda Gilbert Achcar, francés criado en Líbano, presenta en sus artículos las “razones” para apoyar a la misma, según él, desde una posición antiimperialista, generando un intenso debate en medios de la izquierda europea. Escribe Achcar que “es un disparate y un ejemplo de ‘materialismo’ muy burdo despreciar por irrelevante el peso de la opinión pública en las decisiones de los gobiernos occidentales, especialmente en este caso en las de los cercanos gobiernos europeos. En un momento en que los insurgentes libios estaban urgiendo al mundo con cada vez mayor insistencia que estableciera una zona de exclusión aérea a fin de neutralizar la principal ventaja de las fuerzas de Gadafi, y con el público occidental siguiendo los acontecimientos por televisión…”. Teniendo en cuenta que en Francia desde el PS al PG, los “Verdes” y otros sectores de la izquierda han avalado la política intervencionista del gobierno Sarkozy, creemos que es un buen reflejo de la opinión predominante en sectores impactados por la opinión pública de la clase media europea. Por ello, consideramos interesante polemizar con las posiciones que sintetiza su escrito “Un debate legítimo y necesario desde una perspectiva antiimperialista” (http://www.vientosur.info), donde plantea que:

    1º) Kadafi quiere masacrar a la población rebelde y “una revuelta de masas enfrentada a una amenaza muy real de sufrir una masacre reclamaba el establecimiento de una zona de exclusión aérea para ayudarle a resistir la ofensiva criminal del régimen”. Pero la “protección” que ofrecen los imperialistas no es neutral, es la expresión militar de la política de las grandes potencias que busca condicionar la lucha rebelde según sus propios objetivos, cooptar al movimiento e imponer una salida acorde a los intereses del dominio imperialista sobre Libia y toda la región, donde los viejos agentes están completamente desprestigiados y el imperialismo intenta reacomodarse como “promotor” de cambios controlados bajo el discurso de la “democracia” y contener la espontaneidad de las masas.

    La operación imperialista busca expropiar políticamente a la rebelión, y si no son las masas las que imponen su salida, entonces el triunfo degradado de una caída de Kadafi con tal “ayuda” de la OTAN, se volverá contra ellas, facilitando la imposición de un régimen títere. Una buena muestra es lo que ocurre en Egipto donde tras la caída de Mubarak se fortaleció el Ejército que maniobra para frustrar las aspiraciones populares. Por otra parte, la declaración de “zona de exclusión aérea” es una medida militar que tiene su propia dinámica, pudiendo llevar a una escalada con lo que la promesa de no enviar tropas de tierra podría terminar en un nuevo Irak. La propaganda imperialista dice preocuparse por “evitar la muerte de civiles” en Libia, pero mira para otro lado ante la matanza de civiles que luchan contra las dictaduras en Yemen o Siria y apoya la invasión de Arabia Saudita contra el levantamiento popular en Bahrein. La retórica humanitaria que acompañó las intervenciones imperialistas desde los Balcanes a Somalia, Irak o Afganistán, no ha podido ocultar los cientos de miles de muertos como “daños colaterales”, no sólo bajo las bombas sino como secuela de hambrunas, epidemias y otras penurias que dejaron estas guerras.

    2º) “A diferencia de las fuerzas que se oponían a Milosevic en Kosovo, los insurgentes libios no pedían la ocupación de su país por tropas extranjeras”, afirma Achcar. Pero la dirección del Concejo Nacional de Transición Libio (CNTL), que desde Bengasi se arroga la representación del levantamiento, se subordina cada vez más a los aliados en el mismo camino del ELK kosovar, invocando la protección imperialista y transformándose en la “infantería de la OTAN”, cuyos cazabombarderos le abren el camino en los enfrentamientos con las fuerzas gubernamentales. No es casual que: “EE UU y Reino Unido estudian armar a los rebeldes en su combate contra Gadafi. Cameron y Clinton creen que el suministro de armamento es compatible con el embargo y estaría amparado por la resolución de Naciones Unidas” (El País, 29/03). Si a diferencia del ELK no piden participación terrestre es porque el propio imperialismo no quiere correr mayores riesgos, a la luz de las costosas experiencias en las guerras contra Irak y Afganistán y resultaría difícil legitimarla entre los pueblos árabes. La dirección del CNTL, dominada por arribistas, ex kadafistas y jefes tribales, se montó sobre la rebelión buscando desde el principio impedir que se extendiera el armamento popular y presentándose como “moderados”. En realidad, dejándose cooptar como agentes de la intervención imperialista, se disponen a servir de “Karzai” libios (Karzai encabeza el corrupto gobierno títere impuesto por EE.UU. en Afganistán tras su invasión).

    3º) Argumenta Achcar que “El programa que les une es un programa de cambio democrático -libertades políticas, derechos humanos y elecciones libres-, exactamente igual que el de todos los demás levantamientos de la región.” Pero el CNTL subordina las demandas progresivas de la rebelión contra Kadafi a un programa de democracia liberal en los términos de las “transiciones” que impulsa el imperialismo. Ni siquiera plantea una Asamblea Constituyente donde el pueblo pueda decidir sobre todos los grandes problemas nacionales. Su contenido apunta al estrangulamiento “democrático” del proceso revolucionario mediante instituciones de corte democrático-liberal bajo tutela imperialista. El programa del CNTL se pronuncia por la asociación entre “un fuerte y productivo sector público y un libre sector privado” y garantiza su alineamiento con la “comunidad internacional”, es decir, su subordinación semicolonial. (ver “A vision of a democratic Libya” programa del CNTL publicado en www.guardian.co.uk, 29/03).

    4º) “Y si no está claro qué será de Libia después de Gadafi, dos cosas son indudables: no podrá ser peor que el régimen de Gadafi”, insiste Achcar, puesto a elegir el “mal menor” entre el dictador Kadafi o una transición impuesta por la OTAN, sin ver que ambas sólo pueden asentarse sobre la derrota popular. Con ello, cae en un embellecimiento extraordinario del imperialismo, imaginando que éste puede cumplir un rol progresivo en la Libia atrasada y oprimida. La transición que quiere la OTAN mantendría a Libia como una semicolonia oprimida, o, peor aún, la reduciría a un virtual protectorado como son todavía Kosovo, Irak, Haití y otros lugares donde la benemérita ONU ha llevado sus intervenciones con los resultados visibles y conocidos. Achcar amonesta que “la izquierda debería abstenerse de proclamar ´principios´ tan absolutos como que ´estamos en contra de toda intervención militar de las potencias occidentales en cualquier circunstancia´”. Pero esas intervenciones demuestran hasta el hartazgo que el imperialismo es siempre reacción en toda la línea, aunque a veces lo intente disimular bajo la hipócrita fraseología “humanitaria” y “democrática”.

    ¡No a la intervención imperialista! ¡Abajo Kadafi!

    Achcar comenzó su nota con una cita de Lenin, arguyendo que se pueden establecer compromisos con los imperialistas como hicieron los revolucionarios rusos en Brest-Litovsk. Pero en Rusia los bolcheviques habían tomado el poder al frente de los obreros insurrectos y hacían determinadas concesiones obligadamente, bajo la amenaza de las bayonetas alemanas para salvar a la revolución y al naciente poder obrero, sin dejar de denunciar el chantaje imperialista. El CNTL no sólo no quiere una revolución genuina, sino que apela al imperialismo como salvador de la causa popular.

    El pensamiento humanista de izquierda del que es un ejemplo Achcar, sólo ve “víctimas” a evitar (cosa dudosa dada la realidad de las intervenciones imperialistas) pero no la potencialidad de la lucha de masas. Los marxistas enfrentamos las situaciones de crisis, guerras y revoluciones desde un punto de vista opuesto no porque creamos que “cuanto peor es mejor”, sino porque es necesario comprender la dialéctica de los enfrentamientos históricamente inevitables entre revolución y contrarrevolución como el único camino por el cual las masas pueden avanzar en su experiencia y prepararse para el triunfo sobre el capital.

    Se trata hoy no de despertar ilusiones en la “ayuda” imperialista sino de qué programa y estrategia podrían abrir el camino del triunfo a las masas rebeldes. El primer requisito para ello sería mantener absoluta independencia política del imperialismo, apelar a las masas árabes, impulsar la autoorganización del pueblo libio y sus milicias en el camino de imponer un gobierno obrero y popular, y agrupar en torno a estas tareas a los sectores progresivos

    http://www.pts.org.ar/spip.php?article17307

    rubion

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    Re: LA CUADRATURA DE LIBIA

    Post  rubion on Sat Apr 09, 2011 3:14 pm

    Salut
    voici un article du CCI sur la libye
    http://fr.internationalism.org/ri421/lybie_une_guerre_humanitaire_une_guerre_imperialiste.html

    Rubion

    alberto a.

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    LA PRIMAVERA ARABE

    Post  alberto a. on Mon Apr 11, 2011 1:36 pm

    1171 7/4/2011
    LA PRIMAVERA ARABE

    La revolución a las puertas de Europa

    En febrero de 2011, durante una conferencia de prensa, le preguntaron al jefe de la Reserva Federal de los Estados Unidos, Ben Bernanke, "si el Banco Central era el culpable de la revolución en Egipto" (Financial Times, 26-27/3). Bernanke, como era de esperar, lo negó. Dijo que era injusto culpar a la política monetaria norteamericana, en particular al programa "Quantitative Easing 2" (QE2), lanzado por la FED en noviembre de 2010 por la avalancha de presiones inflacionarias que sacuden a los "mercados emergentes" y a todo el sur subdesarrollado del planeta, aumentando los precios de la energía y los alimentos e impulsando la tormenta revolucionaria en Medio Oriente. Pero la pregunta había puesto el dedo en la llaga.

    Crisis mundial y revolución

    La "llaga", en este caso, no es solamente la política económica reciente de la Reserva Federal norteamericana, sino la propia crisis capitalista mundial que estalló en 2007 (...) Este es el terreno histórico material del cual emergió la revolución que atraviesa ahora el mundo árabe, el Magreb y el Mashrek, en la costa sur del Mediterráneo a las puertas de Europa.

    La relación esencial entre crisis mundial y revolución es lo que todos los apologistas del capitalismo, tanto de derecha como de "izquierda", ignoran y/o tratan de ocultar.

    Después de la conmoción que siguió a los inesperados eventos revolucionarios en Egipto y Túnez, el discurso mayoritario en Occidente y en los medios masivos de comunicación de la burguesía gira en torno a una retórica sobre la democracia o acerca de las peculiaridades de cada una de las formaciones sociales árabes de la región, oscureciendo el hecho de que "el factor clave del movimiento es la crisis económica" (Le Monde arabe dans la crise, Maghreb Machrek, Nº 206, invierno 2010-2011).

    Esto no significa que debamos reemplazar el análisis concreto de una situación concreta con un economicismo vulgar y simplificador. Las condiciones de posibilidad de un episodio revolucionario, o sea de un quiebre en la continuidad histórica, no deben ser confundidas con el episodio en sí mismo, el cual no es idéntico ni se agota en sus condiciones materiales sino que tiene su propia vida, su dinámica y su lógica dialéctica. Pero si se separa el episodio revolucionario de sus condiciones de posibilidad, de su base material, de su "lugar" ("site événementiel", para usar la terminología de Alain Badiou), con todos sus elementos y su movimiento, aparece como un milagro metafísico caído del cielo. Los recientes desarrollos revolucionarios no pueden ser aislados de, o reducidos mecánicamente a, su matriz: la crisis (...)

    En este contexto, el antagonismo principal que ha surgido es entre el Estado rentista y las "calles", en las que se movilizan los amorfos estratos sociales "modernos y tradicionales", y no entre el capital y una revolución popular democrática.

    El carácter socialmente amorfo de las rebeldes "calles" árabes no es una amalgama de elementos diversos, modernos y tradicionales, según algún tipo de equilibrio. Expresa el desarrollo desigual y combinado de un conjunto de contradicciones "contemporáneas" y "no contemporáneas" (para usar la muy precisa noción dialéctica de Ernst Bloch), donde la contradicción moderna entre capital y trabajo, a nivel global y local -y no las contradicciones no contemporáneas de elementos anacrónicos- es el polo determinante, en última instancia, dentro del complejo conjunto de relaciones sociales.

    Durante las décadas de la globalización financiera, los regímenes rentistas, particularmente en el Golfo, se integraron profundamente en las estructuras y redes de las finanzas internacionales -no a pesar, sino debido a la estructura arcaica de las sociedades locales. Los países productores de petróleo del Medio Oriente no se transformaron en "sub-imperialismos", como plantearon algunos (por ejemplo, Ernest Mandel). La incapacidad histórica de la burguesía árabe (atrasada y subordinada a Occidente) para llevar adelante un efectivo rol modernizador en la época de la declinación imperialista del capitalismo, además de la falta de oportunidades locales en las cuales invertir en la subdesarrollada esfera no petrolera, llevaron a que la riqueza acumulada por los regímenes dirigentes fuera dirigida al exterior, a los mercados globalizados dominados por al capital financiero occidental, así como a todo tipo de extravagancias de "nuevos ricos", de las cuales los rascacielos kitsch de Dubai son un buen ejemplo.

    La integración con el capital financiero global produjo una tremenda corrupción entre el pequeño y privilegiado grupo en las alturas y una creciente miseria para las masas populares de abajo, las que pagaron un alto costo social por la implementación de políticas neoliberales. El desempleo se convirtió en crónico, especialmente entre la juventud, la cual es la mayoría abrumadora de la sociedad. La globalización y sus nuevas tecnologías (Internet, etc.) le abrieron a un sector significativo de esa juventud (no necesariamente sólo al sector pequeñoburgués) nuevos horizontes internacionales y demandas, más allá de las limitaciones locales y del peso del conservadurismo tradicional (...).

    La separación arbitraria de crisis mundial y revolución tiene una función ideológica perniciosa: oculta a los ojos de aquellos directamente afectados -las víctimas de la crisis capitalista- las implicancias revolucionarias de la crisis actual, además de la salida histórica para el impasse sistémico que amenaza a la humanidad con la catástrofe.

    La crisis capitalista mundial, la cual se encuentra en su cuarto año, después de llevar al abismo a bancos, a gigantes financieros como Lehman Brothers y a Estados soberanos (como en la periferia de la zona euro) ha llegado al punto en el cual crea las condiciones para situaciones revolucionarias, levantamientos y revoluciones sociales. Nadie esperaba que dictaduras que habían gobernado durante décadas -vitales estratégicamente para el imperialismo mundial y bajo la protección imperialista, como las tiranías de Mubarak y Ben Alí- fueran a colapsar en pocas semanas bajo la furia revolucionaria de las masas movilizadas.

    Las clases dominantes tienen el interés político más inmediato en cubrir ideológicamente el hecho de que la misma crisis mundial, que está impulsando la revolución en el mundo árabe, puede producir episodios revolucionarios similares en sus propios países.(...)

    Democracia burguesa y guerra imperialista

    (...) Pocos días antes de la revolución tunecina, Dominique Strauss-Kahn, el líder del FMI, reivindicaba a Túnez como "un modelo para todo el continente africano"; y Anthony Giddens, el padre espiritual de la Tercera Vía de Blair, lo describía como "el Noruega del Magreb" (su camarada, también "socialista" y presidente de la Internacional Socialista, George Papandreou, había prometido transformar a Grecia en una "Dinamarca del Sur", antes de anunciarle al pueblo griego, a través de un discurso televisado desde la más remota isla de Kastelorizo, que el país está en quiebra y esclavizado a un memorándum firmado por su gobierno con la UE, el Banco Central Europeo y el FMI para un rescate...).

    En cuanto al Egipto de Mubarak, algunos "especialistas" se apuraron a incluirlo en el bloque emergente de los BRICs, con pretensiones de jugar un rol hegemónico internacional.

    Pero sería un serio error subestimar a la burguesía mundial (...)

    El imperialismo, después de apoyar durante décadas a las dictaduras, intenta tardíamente cooptar a la "democracia" y organizar "transiciones pacíficas, ordenadas" hacia nuevas formas de control y subyugación social, basadas en y reproduciendo las fuerzas pro-imperialistas dentro de los viejos regímenes dentro de sus ejércitos, fuerzas policiales y servicios secretos entrenados por la CIA, en las elites diversas (viejas y nuevas) dentro de las jefaturas tribales.

    Este es el rol jugado, por ejemplo, por el consejo militar egipcio que llevó adelante un referéndum trucho que introduce "reformas constitucionales" truchas para permitir el traspaso del poder, en algunos meses, a las fuerzas organizadas del antiguo partido de Mubarak y sus colaboradores de la Hermandad Musulmana. En Túnez, la persistente movilización de las masas obligó al gobierno "de transición" a ceder aparentemente a la demanda política popular, llamando a elecciones para una Asamblea Constituyente el 24 de julio -como el "mal menor", según dijo el actual primer ministro Essebsi (un antiguo colaborador de Ben Alí, maldiciendo ahora al propio Ben Alí). En Jordania y Marruecos, las promesas son "extender los poderes del pueblo sin restringir los de la monarquía, que es el símbolo de la unidad nacional", etc.

    Por otro lado, como en el caso de Libia, donde Gaddafi había establecido una dictadura familiar herméticamente cerrada -lo que impide un reemplazo como el de Mubarak- la guerra imperialista apareció en la agenda. Después de dejar que las fuerzas militares de Gaddafi masacraran a unos insurgentes poco entrenados y pobremente armados y llegaran a las puertas de Benghazi, los imperialistas de Francia, Gran Bretaña y Estados Unidos -bajo la cobertura de la resolución 1973 del Consejo de Seguridad de la ONU- intervinieron con la pretensión de ser los "salvadores en última instancia" y los árbitros de una "transición post-Gaddafi", luego de un estancamiento de las operaciones militares entre los rebeldes y los leales a Gaddafi. Además de los simpatizantes con que cuentan entre el Consejo Nacional de Transición de Benghazi, los imperialistas están multiplicando sus llamados para obtener colaboración dentro del propio círculo íntimo del dictador libio -incluyendo personas tales como Mussa Jussa, ex ministro de Relaciones Exteriores y antiguo jefe de los servicios secretos, que huyó a Londres- o los corruptos y asesinos hijos del dictador, como Saif al Islam al Gaddafi. El objetivo principal del imperialismo es transformar a Libia en un protectorado de la Otan/ONU y un bastión militar estratégico contra la revolución árabe, en primer lugar contra las revoluciones de Egipto y Túnez (...).

    La lucha para derrotar las trampas "democráticas" no significa de ningún modo rechazar las legítimas aspiraciones democráticas de las masas, que están profundamente ancladas no sólo en su amarga experiencia de décadas de represión, tortura y exterminio por las odiadas tiranías, sino también interconectadas con las demandas sociales en el corazón de la revolución popular. En este contexto, la demanda transicional de una Asamblea Constituyente soberana puede jugar un rol importante, sin olvidar las trampas tendidas por los explotadores para expropiar tal demanda (como en Túnez). El énfasis tiene que colocarse en la auto-organización de las masas revolucionarias en organizaciones de base de tipo soviet (comités, consejos, etc.) -que ya han aparecido, aunque en forma embrionaria, en Egipto y en Túnez- y en luchar para destruir los aparatos represivos estatales, por la toma del poder por los trabajadores y los pobres, la confiscación de la riqueza usurpada por los dictadores y sus acólitos, la expropiación de los expropiadores (locales y extranjeros), la expulsión del imperialismo y la reorganización de todo el Medio Oriente (incluyendo una Palestina libre) sobre nuevas bases socialistas.

    En otras palabras, la tarea histórica es hacer la revolución permanente, derrotando a todos sus enemigos externos e internos (...).

    Otra vez Libia

    Sobre estas bases, nuestro partido, el EEK, en el caso de Libia lucha inflexiblemente contra la agresión imperialista y, al mismo tiempo, apoya la lucha popular revolucionaria de la juventud ("shebab") que se rebela contra la tiranía de Gaddafi, advirtiendo acerca del rol reaccionario del autodesignado "gobierno" de Benghazi, formado por ex funcionarios de Gaddafi y otros serviciales colaboradores del imperialismo. Planteamos: "Fuera el imperialismo de Libia y de Medio Oriente", y al mismo tiempo "Fuera Gaddafi y todos los tiranos", "Por la victoria de la revolución". No se puede luchar contra Gaddafi sin luchar por la derrota del imperialismo y no se puede luchar contra el imperialismo sin luchar por el derrocamiento de Gaddafi.

    Es totalmente contrarrevolucionaria la posición de apoyo a la Resolución 1973 del Consejo de Seguridad de la ONU, que da luz verde a la intervención del imperialismo en Libia, tomada no sólo por toda la "izquierda" liberal en Europa sino también por sectores de la "izquierda radical", expresada muy claramente por Gilbert Achcar, economista libanés de izquierda, políticamente cercano al ex ‘Secretariado Unificado de la Cuarta Internacional' (ver Gilbert Achcar "Un Debate legitimo y necesario desde la perspectiva antiimperialista", ZNet, 25 de marzo de 2011, www.zcommunications.org/libya-a-legitimate-and-necessary-debate-from-an-...). Más tarde, Achcar se opuso a los bombardeos de la Otan, aunque todavía defiende su posición inicial de apoyo a la Resolución 1973 y presenta al Consejo Nacional de Transición como un vehículo para un "programa de cambio real democrático". Alex Callinicos, el líder y teórico del SWP británico y exponente de la "izquierda radical", a pesar de rechazar la posición de Achcar y oponerse a la intervención imperialista, fue cuidadoso en mantener una actitud suave y amistosa hacia esta posición abiertamente imperialista, escribiendo en el Socialist Worker del 2 de abril: "El argumento más inteligente de apoyo a la intervención fue desarrollado por mi viejo amigo Gilbert Achcar. Como opositor consecuente del imperialismo occidental, Gilbert afirma que ésta es una ocasión en la que los antiimperialistas deben estar dispuestos a hacer acuerdos" etc., etc... ¿Cómo es posible describir como "inteligente" una defensa desvergonzada de la agresión imperialista, en forma amistosa e incluso halagüeña?

    Tenemos que tener muy claro lo siguiente: el levantamiento popular contra la dictadura de Gaddafi, aliado de Estados Unidos en la "guerra contra el terrorismo" y amigo hasta hace muy poco de Tony Blair, Berlusconi y Ben Alí hasta el último momento de su caída (los servicios libios ayudaron activamente en la represión de la revolución tunecina) es una parte inseparable del proceso revolucionario árabe y no una ‘conspiración' organizada por el imperialismo, como declaman muchos "antiimperialistas" -el Alba en Latinoamérica, los chavistas de todas partes, o los neoestalinistas-, que incluyen, en Grecia, al "libertario" Takis Fotopoulos de "Democracia Inclusiva" o al neoestalinista George Delastik, editor en jefe del semanario Prin de la Corriente Nueva Izquierda (NAR), que desvergonzadamente apoya a Gaddafi (...).

    Fue hace mucho tiempo cuando el ex admirador de Nasser estaba en conflicto con los imperialistas, era demonizado por Occidente y ganaba las simpatías o el apoyo de las fuerzas antiimperialistas y de izquierda (entre otros, del Comité Internacional de Healy -una corriente internacional trotskista con la cual el EEK rompió en los '80- que manifestó un burdo oportunismo hacia el "Jamahiriya", el "estado de las masas" de Libia, según la definición acuñada por el propio Gaddafi). Después del colapso de la URSS, capitulando ante el imperialismo, el régimen de Gaddafi comenzó en 1999 su colaboración con la CIA; desde 2003 se convirtió abiertamente en sirviente de Occidente, dando refugio en Libia a un centro especial de tortura para gente acusada de pertenecer a Al Qaeda, traicionando al IRA con los Servicios de Inteligencia británicos (MI6) y proveyendo información de todo tipo de conexión, real o ficticia, con los movimientos antiimperialistas y organizaciones revolucionarias internacionales; entregando los campos petrolíferos del país a compañías inglesas, italianas, francesas y estadounidenses (en un negocio muy redituable para la familia de Gaddafi y sus amigos). Sobre estas bases, la tiranía de Libia se fue transformando desde ser un paria hasta ser un valioso amigo alabado por los gobernantes occidentales (...).

    El fiasco de la cumbre de la Unión Europea

    Guerra y revolución en Medio Oriente coinciden con un resurgimiento de la crisis agravada de la deuda soberana en la eurozona y crisis políticas en toda la UE. Lo que unifica a todos estos acontecimientos es la crisis capitalista mundial, ahora en su cuarto año (...).

    Sarkozy se presentó pomposamente a sí mismo como "el nuevo Thatcher que enterró definitivamente el legado de mayo de 1968". Ahora ¿quién es realmente el que entierra a quién?

    El "Gran Acuerdo" se ratificó formalmente el 25 de marzo, pero como escribiera el Financial Times en su editorial del 26 de marzo, "lo que fue acordado no ayudará y lo que ayuda es lo que no fue acordado"...

    Al día siguiente del Gran Fiasco, solamente pocos meses después de las rebeliones de la juventud, con masivas movilizaciones contra el incremento de las tasas a la educación y el incendio de locales centrales del partido gobernante, medio millón de trabajadores británicos inundaron las calles de Londres en oposición a los recortes draconianos que desea imponer el gobierno Tory/liberal.

    El Simún, el viento salvaje del desierto árabe, comienza a soplar en las metrópolis europeas.

    Del diciembre griego a la primavera árabe, hacia un verano caliente europeo

    La UE tiene a Grecia no solamente como su miembro más problemático, como el eslabón más débil en la crisis de la deuda soberana en la eurozona, sino también como su vínculo geopolítico con un Medio Oriente en estado de agitación revolucionaria (...).

    En el peor de los escenarios publicados por Standard's and Poor's, se advierte que la deuda pública griega -que es ya ahora una carga insostenible que alcanza al 143% del PBI- se calcula que podría saltar a un astronómico 330% del PBI para 2015 (Le Monde, 24/3).

    El espectro de la rebelión de la juventud en diciembre de 2008 todavía aterroriza a las fuerzas del orden social capitalista. Esta rebelión -"la primera explosión política de la actual crisis económica mundial" de acuerdo a la inolvidable y correcta afirmación hecha entonces por Dominique Strauss-Kahn- es el prólogo, la conexión y la transición a las revoluciones de hoy en el Magreb y Mashrek, no casualmente llamadas "revoluciones de la juventud" (...).

    Mucha gente habla sobre un 1848 árabe, para enfatizar no sólo la expansión internacional de la revolución en todo Medio Oriente, sino principalmente su carácter democrático. Pero en 1848, la revolución europea estuvo caracterizada no sólo por el despertar nacional y democrático de los pueblos europeos, sino esencialmente por el agotamiento de la Revolución Francesa de 1789 y de la misión histórica de la burguesía, por la traición de la revolución por parte de la burguesía alemana y la pequeño burguesía demócrata, por el ascenso revolucionario de la clase obrera y la masacre del heroico proletariado parisino perpetrada por la burguesía democrática en junio de 1848.

    Sacando conclusiones de la revolución de 1848, Karl Marx, en la famosa Circular de 1850, reelaboró y reformuló sobre nuevas bases de clase y con un nuevo contenido histórico el viejo eslogan radical jacobino: por una revolución permanente.

    La primavera de los pueblos de Europa en 1848 marca el apogeo del capitalismo y el comienzo de su deslizamiento hacia su decadencia histórica, en la cual entró al final del siglo XIX y comienzos del siglo XX. La primavera árabe, por el contrario, llega en un punto avanzado de la decadencia capitalista, en medio de una crisis sin precedentes de la globalización capitalista.

    La clase trabajadora jugó y todavía juega un papel crucial en Túnez, Egipto, Yemen, Bahrein e incluso en Arabia Saudita, generalizando el miedo no sólo entre los amenazados regímenes gobernantes, sino también en las oposiciones burguesas e islamistas, quienes dan solemne juramento a la democracia y repetidamente reclaman la finalización de las huelgas y la automoderación de la incontrolable y radical juventud.

    Pero el genio está fuera de la botella y viene para permanecer libre por mucho tiempo...

    La revolución actual también avanza más allá de la manipulación y frustración de las expectativas mesiánicas de las masas empobrecidas a la teocracia de los ulemas, de la Hermandad Musulmana o de los Salafistas (quienes durante todo un período trataron de ocupar el vacío que dejó la bancarrota de los movimientos nacionalistas laicos y sus regímenes), así como por el colapso de los partidos comunistas estalinistas de la región, los que actuaron de furgón de cola del nacionalismo.

    La revolución de los jóvenes desempleados en el Medio Oriente desafía todas las normas establecidas -tal como la rebelde juventud griega de diciembre, que hizo que fuera clasificada, por las mentes conservadoras "políticamente correctas" de izquierda y de derecha, bajo la categoría super simplificada de "anarquistas".

    Solamente un marxismo revolucionario libertario -que continúe el legado que Lenin dejó en El Estado y La Revolución en 1917 y renueve la teoría y la práctica de la Revolución Permanente de Trotsky- podría hablar un lenguaje común con esa joven generación de la revolución mundial y construir la Internacional Revolucionaria de su victoria, la Cuarta Internacional.

    Así como el futuro de la Revolución Rusa dependía de la victoria de la Revolución Alemana, el futuro victorioso de la revolución en el Medio Oriente está ubicado en las costas europeas del Mediterráneo. La responsabilidad es nuestra.

    París, 29 de marzo/3 de abril de 2011


    Savas Michael-Matsas

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    Re: LA CUADRATURA DE LIBIA

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